Hay días que… regalillos.

Jugueticos de coleguillas

Hoy es uno de esos días que le echas tu rato al ordenata, antes imprescindible herramienta, necesaria para todo, desde leer un correo a útil insustituible de currele, pasando por enciclopedia de todo, sanguglebendito siempre estará ahí, echando su mano a todo el que lo precise. Hoy, el artilugio, se ha convertido en correo de papeles, auxiliar de banco o, más usual, informador: prensa, clima, estado de carreteras… También, esporádicamente, agencia de viajes al uso.

Andaba liado no sé en qué ni con qué, el cacharrillo es un algo con lo que se empieza leyendo el correo y al ratito has pasado de la prensa a la programación de la tele o, también, rulando por el youtube, música, algún documental loco o miretiando el avance de alguna peli… y, como no, revisión de los cuatro euros que nos quedan para acabar el mes. Así va pasando el tiempo, entretenido, como cuando empezábamos con esto del mundo de los bytes y megabytes, como si mirásemos la luna en colores, flipando y más al ver como, a medida del trabajo hecho, te ibas enganchando, como niños, al juguete.

En ello estaba cuando, en un pronto, se acerca el chavalillo, uno de la familia de ella, -¿qué haces?-, pregunta con su ingenua curiosidad, -¡llevas mucho rato ahí sentado!, ¿no te cansas? Lo miras, te mira, le sonríes, su cara se ilumina cuando, en ella, se dibuja su enorme sonrisa, está seguro que ha dado en el clavo. -Nada, le contesto, estoy aquí, entretenido haciendo cosas. Su cara, de niño “trasto”, no da crédito a lo que oye; de pronto, de sus manos, sale un juguetico con el que se entretiene todos los días, con sumo cuidado lo coloca delante de la pantalla, -¡toma!, para que te haga compañía. Lo miro y me mira, le vuelvo a sonreír, me la devuelve, -¡gracias!, le digo con todo el cariño de este mundo y sigo a lo mío…

Él, sigue a lo suyo, yo, absorto, contemplo el artilugio, hoy, además de ser día de curioseo, se ha convertido en especial; allí lo he dejado. Siempre, por costumbre, bajo la pantalla, ahora no, allí se queda, abierta, contando, ¡vaya usted a saber!, mil y una historia a su nuevo compañero. Confiándose secretos inigualables, y, en un sobre todo, riéndose, por lo bajini y a lo mudo, de la cara que se me quedó al recibir tan el tan preciado regalo.

Gracias por venir…

Pateando por la genuina…

Era muy de mañanita, como todas, nos echamos a la calle, no sé si a hacer ejercicio o por el simple placer de dar ese paseo que te saca, a todos, de casa, -llevamos mucho tiempo encerrados-, hoy de un lado y mañana de otro, el escenario es grande, ofrece muchas alternativas. Hoy, así sin quererlo, toca salida hacia el lado distinto al de ayer, la elección nos lleva a la «genuina», calificativo que se le diera ha ya mucho tiempo, genuina Vegueta, barrio antiguo y con mucho sabor de nuestra capital, Las Palmas.

Por sus calles se respira cultura, añeja, de tiempos inmemoriales, conquistadores, museos, centros de interpretación, palacetes familiares, iglesias emblemáticas, plazoletas, sedes de la vida eclesiástica, balconadas canarias, parques barriales, y, casi en su centro, la catedral, con su estilo colonial, influencia de otros lares. Bella, inmensa, un poco, a mi gusto, abandonadas ciertas parcelas; el paso del inexorable tiempo.

Con el paso del tiempo, cada corporación ha ido añadiendo «su toque», toque que, en definitiva, ha dado más belleza, si cabe, al entorno, desde remozado de fachadas a conversión de sus calles, sobre todo las principales, en peatonales, decisión que, hoy, forma parte del placer que produce pulular por sus entrañas; en otros tiempos eran arterias destinadas al paso del tráfico rodado, con aceras diminutas que ocasionaban, en algún momento, el colapso propio del “rular” por ellas. La decisión, como poco, ha sido importante y definitiva, la mejora no tiene comparación con nada.

Nosotros, vecinos prestados del lugar, disfrutadores de todo aquello que significa patrimonio de los habitantes de las islas, nos dimos nuestro paseo, esta vez nos acompañaba el aparatito ese que además sirve para hablar con otras gentes, el móvil, que es poseedor de un artilugio maravilloso, la cámara fotográfica, en un clic-clac, paramos uno de esos particulares y muy peculiares momentos, el paso por la plaza del Pilar Nuevo, a nuestra espalda la Casa de Colón, museo interpretativo del paso del conquistador por nuestras tierras y enciclopedia muda del significado del descubrimiento de otras tierras. Y, en medio del documento, estos dos caminadores, el que escribe y mi compañero de caminatas, familia de la casa.

El lugar escogido para ese momento, no es más que un pequeño retazo de la inmensidad del barrio, ¡volveremos! Gracias por pasar y pararte a leerme.

A rumbo… la Maxorata

Luneaba la semana, a esa hora, que ni las calles esán puestas, a golpe de despertador, saltamos de la cama al vacío de la aventura, la vuelta a tierras de currele, que ha sido nuestro hogar y vida durante mucho, mucho tiempo; escondite de viejos romanticones, donde tantos y tantos maravillosos momentos se han vivido; tiempo de un café, duchita de rigor y carga, con lo necesario, del carro, ¡pasajeros al tren!, dicho manido de mil y una película; tren de recorrido aguado. Es todo un acontecimiento que luego de treinta años de viajes, barcos y más, aùn nos queda esa mijita de ganas de repetir, sentir el cosquilleo de la primera vez. -¡Como poco, curioso!

En el muelle, lo de siempre, “la cola del embarque”, hay cosas que, por mucho empeño que se ponga, no cambian, suerte que esa misma experiencia, cuando la peña hace lo que, por megafonía repiten hasta el cansinamiento, lleva a que la operata sea rapidita; el barco no va lleno, como digo, cuando lo veo, ¡cuatro amigos!, no es temporada, trabajadores, necesidades y algún guiri de última hora… normalidad total. Viajito con algún meneo del azul, aire a volumen subisía que invita a una cabezada de olvido, y… a esperar; antes de que el altavoz anuncie se está llevando a cabo el atraque. La pande obliga a medidas extraordinarias, desembarque por zonas, de la uno a la nueve, como niños de colegio salimos ordenaditos, sólo faltó el; “Vamos a contar mentiras…”, no dio tiempo, si no, seguro que la cantamos.

Al coche, carretera, autovía y, en un pispas, en casita, magia de la automoción, no quedaba lejos el fin del viaje. Entre tanto, el día se ve precioso, azul claro de cielo limpio, sol radiante y ni un astibo de nubes, por esa autovía poco usuario, horario de trabajo, algún camiòn, guagua o servicio al público; las ganas van en aumento, hacía mucho que no volvíamos, una curva… otra, una rotonda, uno, dos, tres giros por amplias calles y, al principio de la última, la casa, nuestra casa. Una puerta, otra, un soplo de aire caliente, lleva su tiempo cerrada, sin que el alisio la ventile, interiores, arriba, abajo y, en pocos minutos, vuelve a correr, escaleras arriba y abajo, ese airecillo, saludable y cálido, andamos por primavera, normalidades climáticas..

Allí, en un ya, la casa, labores de devolverla a su estado natural, -al tal y como la dejamos. Un preparado de buen papeo, brindis incluido por ese retorno y a la espera de aconteceres. Qué ha sido, qué no, podía ser motivo de otro post, en realidad no es caso de éste; a resaltar, eso sí, la alegría de comprobar que todavía isla, localidad y sitio nos tiran, que ese volver no ha perdido ganas ni intenciones. Como cada vez que ocurre, te piensas el volver, luego, luego no quieres irte. Allá por el 90 cuando empezaba mi vida de maestro, alguien me dijo que algún día terminaría por irme de la isla, yo, echándole los primeros valores le aseguré que eso no iba a pasar; me he ido, sí, físicamente, pero parte de mi es ella, siempre la tendré, de corazón.

Gracias por leerme.

De fresa…

En primavera

Ya lo había comentado, no sé si es un poco más abajo o más arriba, lo cierto es que la estación y el mes, nos trajo la magia de la luna de fresa, la más grande del año, la que aparece, a su salida, de color rosado, y, como dije, con un tamaño que pinta de luz el oscuro de la noche. El fenómeno nos visita, rigurosamente, todos los finales de abril y algunas veces principios de mayo, según el día que se produce el cambio de luna, pero siempre aparece y embellece la noche.

El año pasado, mi amigo Antonio, el granizo, después de largas horas por esas playas, montañas de fotos y mucha espera, elaboró un maravilloso trabajo sobre el desarrollo del fenómeno, luego, como buen artista, compartió, con todo el que quiso, el producto de tanta espera y tantas instantáneas, elaborando lo que el llama un «time-lapse» y posterior montaje en vídeo. Sé, sabemos, porque así lo cuenta, que hay que echar mucha paciencia, y ganas, los lugares elegidos para la captura no son azocados, al contrario, fríos, y más en cuanto avanza esa noche.

Este año, acertadamente, se dedicó más a disfrutar el suceso que a inmortalizarlo a base de clics-clacs. Eligió los momentos que, a su parecer, fueron más bellos, y luego, ya en zona de abrigo, envió a todos los interesados, como el que escribe estas líneas, algunos momentos pillados. No pude, por menos, que ponerme en contacto con él en el momento que los noticiosos hablaron del evento; por la zona donde vivo no tengo la suerte de disfrutar de un cielo nocturno totalmente despejado y tan claramente limpio. Él, que a buen seguro esperaba mi petición, no tuvo ningún inconveniente en poner, vía email, alguna foteja en mi ordenata, consciente de que, a cambio, publicitaría en las redes, sólo las que utilizo, su labor.

Sacada de una de esas redes, aquí les dejo uno de tantos miles de cantos y halagos a esa “luna”, «mujer y luna, luna y mujer». Dediquen un ratito a disfrutarla, es una gozada.

Luna, mujer…

¿Vieron esa luna?, gracias por venir y dedicar un ratito a leer estos cuatro renglones, hechos, por descontado, con gusto y muchas de esas ganas.

23, abril… libros, rosas…

Hoy era 23, de abril, un día, como otro, sin más gloria que la de ser viernes, principio del finde, hoy, muchos aprovechan para relajar tensiones, salir un rato, a tomar el fresco, a compartir con sus gentes, en su merecido descanso; romper, de alguna manera, la monotonía del resto de la semana.

Pero, que siempre habrá un pero, hoy se celebra el “día del libro y de la rosa”, ¡magia!, ella y ellos, también tienen su huequito, los que se ocupan de estas cosas, pensaron que esos libros se merecen un homenaje, son, a buen parecer, todo lo que uno desee; llevan, en su interior, toda la información que andamos buscando, de una historia de brujas a las más agudas ciencias, pero lo llevan.

Ayer, mi amigo el de la esquina, haciendo apología del evento, dejó, con su arte callejero, fino mensaje sobre el acontecimiento, invitando a leerlo y leer todos aquellos libros que pasen por nuestras manos; dejándonos, ¡cómo no!, sus felicitaciones por el día. Me sumo a su propuesta, «¡feliz día del libro!», También, por qué no, felicidades a los Jorge.

Hace mucho, mucho tiempo, en un viejo blog dejé un no menos viejo post, en el que, a mi manera, rendía homenaje y pleitesía a esos miles de libros que, por una u otra, han pasado por mis manos y mis ojos; y otros tantos de los que he aprendido a ser lo que soy y quien soy, una profesión, un estilo de trabajo, un aprendizaje de refuerzo y mejora de esas actitudes. Hoy, 23, quiero dejarla aquí, para compartirla con todo aquel que lo desee y quiera leer.

¡Cuantas veces entre tus hojas!

Cuántas veces, -callado compañero-, me perdí entre tus páginas; en ellas fui pirata, romano, camionero, piloto de aeronaves, timonel en submarinos…, millones de cosas.
Viví aventuras imposibles, rescaté princesas, tiré murallas, maté dragones…, viajé a la Luna, conté mares, bajé ríos turbulentos, escalé picos en los confines de la Tierra…
Y también -a buen seguro-  crecí y aprendí un oficio, me hice lo que soy, mi dedicación está impresa en tus hojas; miles de palabras me enseñaron cómo poder hacerlo, sirviendo bien a quien pueda interesar.
Hoy, allí, en honorífico puesto, sigues guardando tesoros, dispones -orgulloso-, en abierta oferta, tu lomo; esperas la oportunidad de ver la luz de nuevo, de volver a ser útil, de dar -de ti- lo mejor que llevas, experiencia, gratitud.

Y a ti, ¿que te sugieren esos libros?, gracias por pasar.

Volviendo a mirar…

No sé si fue en mayo o junio, tampoco el año, lo que sí sé que fue en un viaje, de fin de curso por tierras catalanas, de esos que, con los pibitos y pibitas, como religión, se ven todos los cursos; premio merecido al fin de la Primaria y antes del cambio radical de etapa, sitio y vida. Actividades de multiaventura al gusto, rafting, caballos, tirolinas, recorrido en quads, visita a las capitales, campo de fútbol principal incluido, y la gran puesta en escena, Port Aventura, todo un desfile de atracciones, lo mejor, ellos y ellas a su bola, sin profe o seño que controle. Se repiten en cada viaje, pero no quiero pararme en ello.

En medio de todo ese torbellino de buenos ratos, hay, escasas según mi punto de vista, algunas actividades que son más cosa de adultos que de niños y niñas, de ejemplo, visita a algún museo local, vean, si no, la foto, dedicado a los productos obtenidos, por el payés, de su trabajo en la tierra, viñas, frutales, horticultura, fina me ha quedado la palabreja, y del empleo que se hace de ellos. Un producto que abunda, por estos lares, es el esparto, tiene mil y una utilidad, cestería, asiento de sillería, cordaje y, por qué no, arte; sirva como referente la bruja que tiene su pose, como se ve, en la escalera. No pude resistirlo, momento inmortalizado por mi compa; cuando vi la instantánea, no lo pude contener : ¡chacho!, si es más alta que yo, que tampoco hace falta mucho.

Luego, investigando, en la zona se prodiga, con este producto, el arte casero: posavasos, colgantes, cadenetas, pulseras… de todo lo dicho, hay cantidad, casi industrial, de cada uno. Por si se antojara, previo preceptivo pago, el visitante puede llevarse una variopinta muestra de objetos, como corresponde. Me sorprendió, gratamente, que de la mano del habilidoso salgan estos objetos, objetos que puede no le digan gran cosa a muchos, con todos mis respetos, pero que, a mi y otros tantos, nos encantan; en la actualidad tengo como unas cincuenta brujitas en casa, entre estanterías, colgadas del techo, de paredes… Traerán su suerte, o no, hechizos, conjuros, sortilegios, encantamientos…, pero ahí las tengo, años de coleccionismo, muchos, primero duros, luego euros, reposan, en forma de figurín en ellas. Y, ¡cuidadín!, no creo que se pare.

La otra actividad, aún más interesante, es la visita al Deltebre, en donde, como su propio nombre dice, se encuentra el casi último tramo de ese gran río, el Ebro, y las instalaciones que crea, expositoras de las riqueza de la que a su paso ha creado el inmenso caudal de agua; para terminar, en su delta, allí, río y mar se hacen uno. Pero esta es historia para otro momento, cercano o no, que ya, por hoy, con brujas o no, ya va de bastante.

Y tú, que me lees o no, que compartes aficiones o no, ¿por qué no nos cuentas algo que haya llamado tu atención? Gracias por leerme.

Primavera… alterado sin límite

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda

Llevamos mucho tiempo juntos, la he usado en muchas primaveras, casi que no recuerdo la primera, igual fuera por marzo del 2012, creo recordar, pero siempre ha estado ahí y la ocasión lo merece, en él se hablaba de que habíamos llegado a la florida estación, que los «protas», con amor y dedicación, se juntaban, creo que está claro el para qué, la sangre, rebotada, siempre rebotada, o alterada que parece suena mucho mejor. Perpetuando, y… que no pare la música. Hoy, los tataranietos, tatarabuelos de otros, revolotean los campitos, porque es su momento, llenan de colores el aire, ramajes de árboles y prados. También, en aleros de tejados, o alféizar de ventanas; siempre, allí, donde haya un hueco para un ratico de intimidad.

 Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil…

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril

También hay otros post de época primaveral, en los que se habla de que luego del ratito, cambian los personajes, el ambiente y las palabras, pero el fondo es casi el mismo, darle continuidad a su estirpe, divertimento, luego del fiestuqui, él enciende un cigarrete, mira pa otro lado y busca nuevos retos, porque lo natural es que así sea, el tiempo traerá, si todo va bien, un nuevo individuo, que repetirá la historia, y así, una y mil, Lo del cigarrete es licencia que, como escritor, me permito, por dar un toque de medio humor a la situación.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor -recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor

Este finde empezó esta nueva primavera, en la que, a buen seguro, habrá acontecimientos sobre todo para nuestro castigado planeta, serán buenos, malos o peores, pero así lo habremos querido; no terminamos de tomar conciencia de que no tenemos otro, que hay que cuidarlo, a ver si la fecha de su óbito definitivo se va retrasando, mes a mes, un poco más. Se verán fenómenos astrológicos que se ven muy, pero muy de vez en cuando, eclipses de sol y luna, acercamiento de planetas que no vemos normalmente y que se acercarán lo suficiente como para verlos casi a simple vista, no es que yo, en honor a la verdad, me pare a observar, pero por si se les ocurre, pasarán muchos años antes de disfrutarlos una vez más.

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar…

¡Juventud nunca vivida

quién te volviera a soñar!

Tiempo de colores, campos, jardines, se llenan de luz, esa que, siempre, nos da vidilla, alegría, no nos cansamos de mirar, y volver a mirar, hasta donde nos llegare la vista; algunos, por aquello de la sangre, dan rienda a la imaginación, se escribe, se canta a la mil y una, se abre el alma y se juega al atropello de hormonas con estudiado disparate.

Antonio Machado, con su «La primavera besaba», ilustra estas cuatro palabrejas, y a ti, ¿qué te sugiere la fiesta? Gracias por venir a leerme.

Trocitos del día a día…

Eran tiempos de “maricastaña” o quizá el año del titiritate, la mayoría de los momentos que vivíamos eran símbolo de «intensidad», deseos de disfrutar, ¡a tope!, los cuatro ratos que teníamos; no había mucho donde elegir, y esas reuniones eran de lo muy poquito que, todos juntos, podíamos gozar; era un domingo cualquiera, con 100 duros por cabeza, monedas ya olvidadas, se montaba la fiesta, barbacoa incluida, mucha priva, carne como para media docena de tenderetes más y, todavía más, voluntad de pasarlo bien.

Ese día, «magia potagia», el amiguete, que no era mago de profesión, sino un currante más, nos brindaba la vieja casa que su familia tenía como solariega, y en la que, en otros tiempos, se disfrutaban períodos vacacionales; con los años, sólo quedaba el mobiliario de terraza y poco más, que no era cuestión de estar almacenando calidades y primuras, con ese nos bastaba, mesas y bancos de mampostería, el hueco para hacer los fuegos y cubertería propia para la ocasión.

Entre tanto, algunas gracias, risas diversas, más priva, meternos con el compa de turno, darle una poca de caña, con el esto, que si aquello, que te vieron cortando el viento y disfrutando del vuelo de las maripositas al lado de la moza que te molaba y poco caso te hacía; así iban pasando las horas, todo a punto, carbón, carnes, y lo que llevaba, con estudiada ceremoniosidad se daban los primeros pases del festín, viandas para toda la peña y lo que fuera menester. Luego, a la casi hora, se empezaba el rito de servirla, nos tirábamos a ella como si no hubiésemos comido en la vida, con la voracidad que la espera y nuestra desesperación marcaban, literalmente desaparecía, por el aire, todo lo servido, y más si se trajese. En poco solo quedarían bolsas, bolsas llenas de restos, que harían un desfile rumbo a los contenedores que, en esos tiempos, era “el contenedor”, no existía la afortunada costumbre del recicle.

Más tarde, en lo que el café empezaba a brotar, nos dedicábamos a la tarea de dejar “el chabolo”, tal y como nos lo habíamos encontrado, limpio, empezaba el tenderete del barrer, recoger, fregar, darle un agua a los espacios, limpiar, a fondo, esa barbacoa, con la finalidad de que no pareciera que nadie había pasado por allí. Aún cabría otro café más, pero, ya, fuera del recinto, la tal quedaba inmaculada, como si se estuviera estrenando.

El sentimiento generalizado era el mismo en todos, ¡qué bien lo hemos pasado!, tenemos que, no muy tarde, volver a celebrarlo, los amigos éramos, si cabe, más amigos, los novios más novios y los solteros, eso, más solteros. Pero todos a la par… Acabados del festín, cada pollo a su corral; duchita, acicalado y, sin variar, pal casino, que era nuestra disco habitual, a probar, no sé el qué, pero a probar. Convencidos de que, en un a lo mejor, la diosa fortuna con todo su séquito, nos iba a sonreír, pasaba o no, ese será comentario de otro día. Lo que sí nos llevábamos, era el día distinto, el haberlo pasado del “15” con la peña habitual. Dejo documento gráfico fotos de rigor, que luego, su dueño, revelaría para disfrute de todos, se estaba a años, casi luz, de la fotografía digital.

Y tú, ¿cómo lo pasabas de joven? Gracias por pasarte.

Con ganas….

Hace, ya, algún tiempo, tanto el fraile como un servidor, salimos publicados, en el blog que, en otros tiempos, fuera,padre, precursor o inicio del presente medio, en ella admiraba, con cuatro palabrejas, mi sorpresa, impresiones y recuerdos que me evocaron la estadía en tal pago. Con el título “Viviendo a tope… momentos“, rendía con esas palabreja condensado homenaje a la visita.

Hoy, con mi propia licencia, no pretendo revolver ni recordar esos muy grandes momentos. Sí, en cambio, satisfacer con otras palabras, las ganas que señalo en el título; ganas, sí, y muchas, ganas de hacer o repetir, de salir, viajar, Pensando que hace ya mucho tiempo que no salgo, salimos, a ningún lado, inmerso en un encierro obligado, que, de momento, no nos permite, ni tan siquiera, andar por lares cercanos, Sé que todos andamos a la par, sin más posibles que la espera, espera que ya se me antoja larga, cansina, agobiante a la postre, sin tener ni en la imaginación cuando será el punto y final del tortuoso camino.

Andaba intentando preparar un viajito como regalo de cumple y aniversario “fuera”, que en nuestra peculiar y particular forma de expresarnos, significa “ir a otros territorios” cambiar de destino, Península, por ejemplo, disfrutar de otras cosas, seguramente la capital del reino, y… ¡de repente!, confinados, al garete todos nuestros planes, nuestras ganas, (otra vez “ganas”), de celebrar, de manera diferente, esas fechas, deseos truncados.

Ahora viene otro cumple y otro aniversario, y la situación no ha mejorado, sigue igual o casi peor que en aquellos primeros momentos, pero, ¡que no se diga!, yo no he perdido esas ganas, al contrario, ahora son más fuertes, y ya que tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros, ese deseo está superacrecentado, a la espera de ese «poder» salir a dar ese garbeo tan necesario para poder seguir pa’lante. Luego, desafortunadamente, vemos, en los medios, que a parte de la peña, le da exactamente igual todo, saltándose las normas comunes pasándoselas por el donaire, sin mirar ni para atrás.

Pero, aún así, seguimos a la espera, haciendo más grandes «las ganas», confiando en que, si no ya, sí en poco tiempo, se pueda hacer realidad. Y tú, ¿coincides con la mayoría que espera y aguanta?, gracias por pasarte.

Retazos…

¿Cómo condensar, en tan poco espacio, la historia de casi la mitad de mi vida? ¿Cómo contar en pocas líneas todas y cada una de las miles de vivencias obtenidas o disfrutadas durante tanto tiempo?; no es posible, necesitaría muchas horas para contarlo, millones de hojas para escribirlo y mucha paciencia por parte de quien pudiera leerla; esa es una petición que no pretendo ni quiero hacer a nadie, menos removiendo el pasado, mi pasado en definitiva.

¡Sí!, alzo mi copa y brindo por todas y cada una de esas personas que recorrieron ese pasado a mi lado o a la suficiente distancia de sentir que íbamos juntos, los que me ayudaron para que todo fuese por su justo camino, los que participaron de los éxitos y, también, fracasos; los que, con su sabia mano, ayudaron a corregir vías equivocadas, los que a pesar de los fallos, ayudaron a revisar y mejorar los resultados; igualmente a los que no entendieron mi particular forma de ser, los que me criticaron muy duramente, no les guardo rencor, y también a los que no tomaron ningún partido y ni, tan siquiera, pasaron por allí ni anduvieron cerca, y que, a la postre, también fueron compañeros de labor. Pero, ésto, ya lo había contado; no dejaré, por eso, de reconocerlos como tales, siempre, pero siempre.

Hoy, sábado en la noche, antes símbolo de salida a rular las calles, discos y mil y un bareto, andamos, todos, sometidos al encierro voluntarioso, pero conformista; aún así, siempre se puede encontrar algo en qué echar el ratito, ahora es uno de esos momentos ideales para seguir alimentando este viejo blog, con cosas dispares, recordando historietas y construyendo las futuras, entreteniendo ese tiempo con cualquier cosa, y la cocina ha resultado una poderosa aliada, a lo que ya sabía vamos añadiendo alguna nueva delicia alimentaria, para ello me sirve sanguglebendito y algún canal televisivo. Cualquier otro día, contaré alguna receteja aprendida o experimentada, para que, quien así lo quera, la prepare.

Y como tarea estrella, estoy intentando escribir un libro, llevo y tengo hecha algunas cosillas, no le dedico el tiempo que quisiera, hay que echarle el suyo y, de momento, no lo tengo o no lo encuentro. Pero… ¡estamos en ello! TV y el mundo de las series, también forman parte de ese entretenimiento. Luego mi ratico de cháchara con la “socia”, momentazo de nuestras vidas. Leer los blogs de los amiguetes, algún «buen» libro: y algunas cosillas más… Otro día seguiré…

Y tú, ¿cómo entretienes ese tiempillo? Gracias por pasarte…