Tiempos difíciles, soluciones que no llegan

Corren tiempos duros, ¡muy duros!, nadie esperaba un acontecimiento de tales y grandes dimensiones. El mundo se mueve, el mundo tiene el susto en el cuerpo, estamos viendo cosas, cosas de tiempos de guerra… ¡eso sí!, sin tanta dureza, pero guerra. Ahora guerra silenciosa, esa que no ves venir, que no sabes si está o no, y que, tampoco, la ves partir.

Entretanto, tú, yo, nosotros… confinados en un incierto encierro, que puede durar, ¿dos, tres, cuatro, meses…? Viendo, desde tu ventana, la vida pasar, los minutos, las horas, tiempos eternos, y con la firme certeza de que, lo mejor, es quedarse. En la seguridad, casi entera, de tu hogar, con los tuyos, siempre una carga entre varios es menos carga, aunque no pierda, eso, lo de carga.

Acudes, a lo que sea, que te saque del tedio, tedio de no saber en qué ocupar esas horas, las que ahora son distintas a las de antes, miras el móvil, lees tus mensaje, te pones en el ordenador, buceas, el correo, los diarios, que no siempre apetecen, el de hoy, no dice nada distinto al de ayer, solo aumenta las estadísticas; no bajan, no, hoy más que ayer, pero, a buen seguro, menos que mañana… ¡la verdad!, así no apetece ni mirar.

En una mirada de móvil, descubres, de repente, un mensaje en el que se adjuntan unas fotos, viejos parajes conocidos, ahora nevados; este año ha venido con retraso, pero, ¡ya está aquí! Te relajan, llevándote a tiempos muy remotos, de cuando tú, y todos subíamos, como resortes a esas cumbres, a gozar del fenómeno, embutidos en un coche, sin apenas garantía de seguridad, sin cinturones, con una cabida a lo que diera el espacio.

Subíamos casi cantando el deseo de verla, de hacer bolas y tirárnoslas, como si se tratara de cualquier estación invernal; otros, los de siempre, la amontonaban en el capó del coche, para que, a su paso, lograr presumir de donde venían. Cuando volvíamos no faltaba la escala técnica en el «cafetín» de guardia, un «vinito» para calentar y un «platito» de queso del lugar, o cualquier otro «enyesque», para matar las hambres acumuladas, ¡nos sabía a pastilla de menta!

Daba igual, era nuestra locura colectiva; hoy, cada vez que algún diario publica esas fotos, volvemos a aquellos momentos, hoy, a algunos, nos pilla lejos, y además, estamos confinados, sin poder salir de casa, de pueblo, de isla…; es lo que nos devuelve a esa impresentable realidad, a la espera de que… a lo mejor mañana, será mejor que hoy; igual el próximo año, podríamos volver a gozarlo, en vivo y en directo.

Y tú, ¿rulabas por tales lares?

Gracias por venir… y ¡ánimo!, de esta salimos y si estamos juntos mejor.

Luego de algún tiempo…

Siempre, no sé si por costumbre, vicio o ¡yo que sé!, voy dejando pasar días y semanas antes de retomar el medio de explaye, de contar lo que me apetezca, de crear, ¿puede que un sueño?, o mejor… ¿algún relatillo intenso? Lo cierto, lo único cierto, es sólo eso, contar, a mi, al aguerrido viajero que se los ve todos, al que le apetezca, y al que la casualidad  trajo a estos rincones; aquellas cosas que me o pudieran inquietarme, porque, al fin, es sólo eso, inquietud, ganas de liarla parda, puede que con verdades, o medias mentiras, incluso mentiras absolutas, la imaginación, cuando vierte, da para mucho, se deja ir, no se corta, expresa lo que la venga en gana, y, hoy hay, eso, ganas de contar…

Recorriendo viejos sitios me encuentro con no menos viejos post, que guardan, celosamente, viejas fotos, viejos memes o recortes de la llegada estacional a una puerta, la de ellos, traen, escriturado, pensamientos de un mundo mejor, de dichos que, ojalá, fueran reales, que se dieran siempre. Junto a esos pensamientos, se ven recortes de trabajos que, en su momento, tuvieron su más o menos dificultad, que se fueron haciendo, poquito a poco, hasta ser inaugurados en el preciso ratito que hizo falta.

Poder, podría traer muchos, pero no quiero ser principio de aburricio, ni cansar al que, antes nombrado, pasa por estas páginas, aunque sea por la curiosidad de ver ¡qué hay! A cada visita, me va gustando más lo que veo, me encuentro textos, imágenes, dibujos y demás, que había olvidado, olvido propiciado por afán de seguir y traer más cosas, aunque el conteo se encamina a que lo iniciado de hace tiempo, no se pare, y así seguir, volver a salir…

Y tú, ¿tienes algún secretillo que no conocemos?, ¡cuéntalo!, te animo desde aquí.

Gracias por pasar…

Subiendo, subiendo… ¡todo arriba!

En realidad, no sé si quería escribir sobre ésto, o era ésto lo que quería contar; me tiene liadillo la cuestión, como siempre, y como casi siempre, son propósitos, de vivir o empezar a vivir o seguir viviendo, con algo más de felicidad, o, al menos, continuar disfrutando de la que ya tengo, el pasado 31, como tantos y pasados 31, uno, seguramente ustedes también, se fija una pocas de metas, para seguir viviendo, para seguir sintiendo, o, simplemente, para seguir disfrutando de esas cosas, que aunque mínimas, nos alegran la vida.

Para éste que ya anda, renuevo, como si de votos se tratara, el juramento, que la vida siga sonriendo, y este va para todos, que aprendamos o sigamos disfrutando de todo, todos aquellos que nos rodean… que nos veamos e incluso, si tenemos la ocasión, copa en mano, brindar por que todos y cada uno de ellos se cumplan; pero, ¡eso sí!, aviso, quiero que se no quede nadie, así el «chin-chin» sonará con más fuerza, hará que vibremos, que vibren, que quieran vibrar, ante tales promesas.

No me quiero cansar, ni tampoco cansarles, puede que, si es propuesta, llenara hojas y hojas, dándole vueltas a lo mismo, por eso, sólo tres, si los consigo, al final podré poner una marca en el aire, sí, de esas que no se borran, en un mientras tanto, seguir viviendo, como si hoy fuera el último, disfrutar de lo que se viva, mañana no sabemos, no dejar, por pesado que pareciera, la oportunidad de intentar cosas… ¡fíjate!, igual hasta las logramos, tú, todos, yo, y el que quiera intentarlo.

Y ahora, ¡brindo por todos y cada uno de ellos!

Y tú, ¿qué buenos propósitos te has marcado para este que anda?

¡Gracias por pasarte!

El tiempo nos lleva… de nuevo

No fue fácil, ¡no!, allí estuvieron, todas, todos… buscando ese cachito de mar, donde el viento no revolotease demasiado, donde, ¡a lo mejor!, las olas mecieran lo que quedaba, mar adentro, hacia el vacío marinero, ver, como después del fuego, el aire, poderoso señor, acababa con la aventura, se llevaba, entre alas, sus últimos recuerdos terrenales; en los corazones, un silencioso llanto, aún de dolor, también de paz, su final fue duro, no la perdonó el mal que, se me antoja demasiado, hacía tiempo, la había atrapado entre sus garras. Al fin alcanzó la ansiada libertad de su paz.

También a todos los que la rodeaban, los que, día a día, empujaban a ganar la ya de antemano perdida batalla; turnos de idas y venidas, esperando que el imposible se hiciera cierto, que, de repente, abriera sus ojos, ya cansinos, derrotados; no fue, no pasó, una vez más la «señá» se hizo con su último halo de vida, le dejó suspirar una vez, una última vez, lo sé, fui testigo mudo de su final, y, sin verla, supe como se la llevaba, entre sus renegridas ropas, mientras los que allí estábamos, casi sin fuerzas, no nos creíamos, aún esperábamos su vuelta, a nuestro mundo, a nuestras vidas, no fue, no pasó.

Ahora, por diciembre, cada año hacemos una “visita”, al lugar donde fue su último viaje, ya en urna de madera, hecha ceniza, para volar hacia esa nada marinera, una ola y otra se llevaron lo poquito que quedaba, en sus crestas, un baile de ceniza, lágrimas y rosas, dispuestas a navegar, sin destino cierto. Acudimos y, sin rituales, volvemos a depositar más rosas, ¡donde andará!; cada corazón, a su manera, le da su adiós y le promete, para el año, volver. El romper de una nueva ola y la bruma de su espuma, nos devuelve al camino, el de las cosas ciertas, ¡hasta siempre!, donde quiera que andes, te echamos mucho de menos…

Poquito a poco, volvemos a nuestras vidas…

De reyes, regalos en espera…

5 de enero, hora cualquiera de un día con mucha magia, llevan, llevamos, muchos días esperando éste, han pasado casi todas las fiestas; hemos tenido, vivido o sentido, buenos deseos a raudales, convertido el evento en lo que hacía mucho tiempo no practicábamos, puesto, como principal motor, a la, las familias y compartido, o intentado compartir, todo aquello bueno que somos capaces de crear, de dar a los nuestros, a todos, incluso al portero del bloque, o el policía que vigilaba el paso de   momentos que han ido construyendo tan señaladas fechas.

Pero hoy, hoy es el día de la magia; ya las calles se engalanan con el más dulce de los adornos, miles y miles de caritas que, superilusionadas, esperan el paso de sus graciosas majestades, los que traen los regalos esperado a lo largo de un año, los que dan luz y color a esa, esas y otras cabalgatas hoy subidos en tractores, con esto de la protección de los animales, ya el camello pasa a un segundo plano, aunque, eso sí, cargados con mil y un paquete que traen sueños y ese último “detalle” que nos hace suspirar por el nervio de no saber que se esconde entre ese abanico de colores.

Uno a uno van pasando, cada cual tiene su favorito, el mío aquí lo traigo, dame salud y alegría para seguir tirando pa’lante, disfrutando del tiempo propio y el de mi gente, luego, si apetece, igual me puedes traer una corbata, aquella vieja camisa de rockero que siempre deseé y, que todos los sueños de la gente se vayan cumpliendo, la mía, la tuya, la de todos; si no me quieres traer la corbata, acuérdate de un chaquetón, no para presumir, sí para atajar fríos; ¡la edad no perdona!

Sé, con toda seguridad, que uno de los regalos es el “retorno”, vuelta al trabajo, con viaje incluido, con madrugón extra, ellos nos esperan, aunque sea para contarnos que les trajeron, esta o cual cosa, tal juego, nueva consola, una bici, un nuevo artilugio o maquinita para jugar; mientras en casa todavía revolotean trocitos de papel de regalo; lacitos de adorno y algunas piezas para embalaje, el barco va adentrándose en la nada marina… una ola, otra!, un bandazo, después más, mientras, la proa corta, avante media, el aire, los últimos trazos de noche y la línea imaginaria donde cielo y mar se funden en el horizonte. Vuelta a la normalidad, la mirada puesta en otros momentos, que, con toda seguridad, para todos, irán viniendo.

Y ustedes, ¿como han vivido este tiempo de paz y amor?

Gracias por venir…

Los días siguen… otros planes

¡Ya estábamos todos preparados!, como peli del oeste, salimos de estampida, huele a, y empiezan las, “minis”, pero vacaciones, allí, en insufrible cola que crece y crece como chorro de agua cuesta abajo, el momento se hace de rogar, ellos lo saben y pareciera que se esmeran en acrecentar la espera, todos miramos buscando al presunto; alguien tiene que serlo… al final sólo aires de “ya es la hora”.

¡De pronto…!, el rugido de los motores anuncia la tan esperada salida, ¡menos mal!, me estaban entrando complejos de ser parte del muelle; la espera se disipó ante la prestancia de la maniobra, subir, indicaciones, aparcar, dejar marcha puesta… lo de siempre, pero ya estábamos dentro. Lo demás, coser y cantar, buscar un sitio, pastilla o no, agua para disipar las últimas dudas y salida, en dos horas, más o menos, en el destino.

Llega la Navidad, tiempo de muchas cosas, sobre ellas, disfrutar con los “tuyos”, con su compañía, con sus buenos deseos. Comilonas, y, acaso, algún villancico, para recordar, para conmemorar que la fiesta está aquí; que nosotros ya teníamos ganas, de celebrar y, de camino, gozar de un muy merecido descanso; nosotros y ellos, ellos y nosotros, que no se me quede nadie… Lo que ha de venir, eso, llegará, ahora, sólo pensar en ello. Luego, después del tiempo, será otra cosa.

Nos vemos después de las fiestas, disfrútenlas, todos nos lo merecemos.

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Con el pie de nuestro belén y con los mejores deseos:

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

Gracias por venir…

Lugares en el fin del mundo…

Allá, rumbo sur, donde se acaba la tierra, donde se unen los mares, se enclava, impertérrito testigo mudo del paso de mil mareas, el fin del mundo de la isla, allí acaba Fuerteventura, luego la nada, agua, la mar océana, el viento y el vacío. La Punta de Jandía, que, caprichosa, reparte su estadía en algunos lares de su pertenencia.

El Puertito de la Cruz, pueblito fundamentalmente marinero, en su inicios, algunos fueron sólo eso, residencias de pescadores, con el tiempo, fruto del devenir, se llenaría de restaurantes, donde, por encargo, nos comeríamos un buen “caldo de pescado”, ya de esto, hablé en su momento, con vistas  del sitio desde el mar en «En el fin del mundo… bellos parajes» , a paso de un barco de pasaje, rumbo a otra isla.

Luego, un poco más lejos, el faro de Jandía, auténtico testigo, del paso de mil y un barcos, de miles de visitantes, curiosos viajeros, llamados por esa foto que embellezca y llene nuestro particular álbum de curiosidades. El lado del faro, un centro, suponemos de interpretación, cerrado en el momento por festivo, con pinta de abandono, de que a pocos le interesa mantenerlo.

En los alrededores, los mapas descriptivos del lugar, aquí Punta de Jandía, un poco más arriba, Punta Camello, al lado, el comienzo de las playas, que irán jalonando toda la costa suroeste, con calas de ensueño, con lugares que denotan ambientes salvajes y vírgenes, hasta desembocar, si el caminante lo soporta, en la playa de Cofete. 14 kilómetros de naturaleza, playa, mar, aire… en estado puro.

Y tú, ¿has tenido la gran suerte de disfrutar de tales parajes?

Gracias por pasarte.