Lugares de siempre… para disfrutar

 

Por estos lares, mientras el solete tumba sus rayos en tierra, rindiendo honores a mamá naturaleza, siguen, testigos mudos del tiempo, habiendo grandes rincones, casi escondidos, donde se junta la belleza con la paz y el sosiego con el encanto.

Cuando sube o bajas, dependiendo de donde venías, ¡lo ves!, en lo alto de un montañuco, arrente de “La cuesta de la Pared”, está el atractivo, allí, a salida de un restaurante, nos encontramos con la magnífica estampa; es un día de sol, caluroso y alguna calima muy propia de estos rincones isleños. El dicho monte da inicio a la Península de Jandía, por donde, en otros tiempos, mar de norte y sur se unían en mareas muy, muy llenas.

El sitio, Mirador de Sotavento, de cuyo nombre hace gala infinita, invita a sacar el aparatejo y en dos clic-clac, inmortalizar el momentazo, todos a una, luz, sol, paisaje, mar, cielo y nubes, paradas en un instante; luego, una sentada, a disfrutar de una buena comida, en el patio donde se enclava tal minarete, tiene muy buena carta, lo mejor sus especialidades en unos caldosos de arroz, lo que le da el nombre de “los arroces”, o, también, casa Tino, para los que asiduean el sitio.

Disfruten, mírenlo bien, y, si se animan, cuando al paso les venga, no dejen de visitarlo; luego, dejen el documento gráfico, a todos nos alegra la vuelta y el firme propósito de volver a gozarlo.

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Era una noche…, noche de brujas

Cuántas y cuántas veces, ya ni me acuerdo de la cantidad, han salido, por un lado, por otro, en cualquier plataforma, las brujas, aliadas de la noche, hechizadoras, dueñas de los mil conjuros, encantamientos y maledicencias, con un tema de fondo, el de siempre, amores mal entendidos o, mejor, no comprendidos, envidias, vengar viejas heridas, que ya no encuentran cicatriz, que no cierran, que siempre habrán de quedar… Hoy, puntuales, al filo de la «minuit», que dirían los gabachos, vuelven por sus fueros,  a reunirse, con nuevos juramentos, sin dejar los viejos, los mejor logrados.

Luego de muchos post, he encontrado una aliada, que, de vez en cuando, me manda las que va encontrando, serán o no, más bellas, mejor logradas, importa el detalle; hay quien en un arreglo de suerte, ha creado su espacio, calderos de cerámica vieja, sapos de trapo, araña que levantan miedos, y, por suerte, aparcamiento para sus escobas, superior.

También, si acaso, sirvieron para inspirar historias y relatos, que esconderán deseos, que adornarán bellas y nocturnas fotos, que proponen una lectura que invita a perderse en lo más profundo de la imaginación… dejándote llevar, saboreando, una a una, palabras que salen sin pensar, que van fluyendo, sin orden, sin más ánimo que ir rellenando huecos, dando pompa y boato a ellas, las «auténticas protas», las que mandan la noche, las que juegan a conjurar, las que regalan mil acertijos.

Luego enfila la madrugada, no se las ve, sólo se oye el corte del viento de sus infinitas escobas, después… silencio, todo  en calma.

Sólo noche, noche de brujas…

Un torbellino de buenos recuerdos

Aún está calentito el momento en que, todos a una, el colegio se ponía a la labor de su puesta en marcha… Eran otros tiempos, corría el 2012, casi primavera, ella fue nuestra rosa preferida, mimada por todos, cultivada con los mejores deseos.

Una mañana, muy tempranito, empezaron, sobre palabras, los primeros proyectos… se podría…, o quizás…, lo mejor será…; una a una, salieron las primeras. Algo más tarde, cosa de días ya había una idea firme, hacíamos espacio, sacamos libros, colocamos y, algunos días más tarde, comenzó el decorado y la elección de la mascota: el búho…

Ellas lo trajeron, adornado en bellas telas, el que escribe, desde los confines de sanguglebendito, la BRUJA, distinta, que cambió el medio de movilidad, y que, en algún intento, se aparcó en el muro de la <biblio>, se dejó pintar por los chavales, y pidió el sitio, todo un honor, el que nos brinda con su, ahora inigualable, compañía. En otros rincones acompañan Blancanieves que no se trajo a los enanos y, según parece, los dejó preparando un suculento puchero para todos, Peter Pan, que se dejó a su peña jugando a payoyo, mientras Campanilla no pierde la esperanza de que su luz sea la magia de todos los cuentos… y algún otro que se me queda.

Con el tiempo, se fueron creando, noticiario de pueblo, publicidades del evento, desde su puesta de largo, a la noticia de su pronta inauguración y momento del gran acontecimiento, ¡por fin!, era una realidad, algunos todavía lo seguimos celebrando, con el orgullo de haber hecho un trabajo de y para el futuro. Se contaron muchas cosas, se dijeron más, costó su trabajo, fueron semanas de auténtico hermanamiento, de todos, sin dejar a nadie atrás.

Luego vinieron “Días del libro”, concursos, competiciones “Al mejor lector”, y algunos post que fueron llenando huecos, que contaban cosillas, que abrían expectativas para futuros trabajos, sueños de viejo escritor; animo a mis “compas”, a hacer lo mismo, abriendo canales, enseñando el «¡cómo hacerlo!», con un tropel de muchas ganas, con los mejores deseos de verlas cumplidas.

Hoy, cuando vuelvo, se me juntan, como torbellino, los recuerdos, veo pasar, una a una, las distintas escenas y etapas, los esfuerzos de todos, los intentos de dejarla, y así ha sido, ¡guapa!, buscando ese futuro. Más tarde, algún día, hice un post de lo que siempre ha sido para mi, aquí se los dejo, por si quieren leerlo…


¡Cuántas veces, entre tus hojas…!.

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Cuántas veces, -callado compañero-, me perdí entre tus páginas; en ellas fui pirata, romano, camionero, piloto de aeronaves, timonel en submarinos…, millones de cosas.

Viví aventuras imposibles, rescaté princesas, tiré murallas, maté dragones…, viajé a la Luna, conté mares, bajé ríos turbulentos, escalé picos en los confines de la Tierra…

Y también -a buen seguro-  crecí y aprendí un oficio, me hice lo que soy, mi dedicación está impresa en tus hojas; miles de palabras me enseñaron cómo poder hacerlo, sirviendo bien a quien pueda interesar.

Hoy, allí, en honorífico puesto, sigues guardando tesoros, dispones -orgulloso-, en abierta oferta, tu lomo; esperas la oportunidad de ver la luz de nuevo, de volver a ser útil, de dar -de ti- lo mejor que llevas, experiencia, gratitud.


Hoy, después del tiempo, algunos personajes nuevos han venido, que, curso a curso, van llenando nuestra bibli, y nosotros a disfrutar de ellos.

El osito Ñum, Ñum, que con tanto y tanto esmero, creó una de nuestras maestras, ¡gracias por ello, «seño»!

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Un viajito en el tiempo…

 

Siempre, gracias a doña fortuna, se presenta la oportunidad de un “viajito en el tiempo”, vuelta a aquellos lares que, un día, fueron morada de quien esto escribe, años de «lagunero», cuando una situación daba el coletazo y otras nuevas se abrían; cuando, en el sitio, había bien poquitas cosas, pero no menos bello, sin dejar de ser tan romántico, tan emotivo como lo que, a través del tiempo, nos encontramos hoy, todo nuevo, mejor cuidado, hermoso. Cuando, siendo mucho más joven, intentaba hacerme un sitio en su universitaria vida.

Cada vez que tengo un nueva oportunidad, vuelvo, ir a la isla y no pasar por la ciudad de los adelantados, deja el viaje casi que como a medias, y, por suerte, subimos, todo ayudaba, un día, con el sol brillando en lo alto, con su pelete de costumbre, con todo lo que la hace atractiva. No la perdí, allá que me fui y, cámara en mano, clic aquí, clac allá, me traje algunos retazos de aquello que siempre ha estado ahí, testigo mudo del paso del tiempo, de la vida de sus habitantes.

Hermosa La Carrera, bella la catedral, inigualable monumento a la cultura, el teatro Leal, donde tantas y tantas horas pasé disfrutando de esa cultura, y al final del recorrido, torre de campanas, balcones viejos que miran y vigilan esa calle; a su vera eché muchas horas de sitio, vino con vino, manises y amigos…

Espero, tranquilo, esa vuelta, volver a gozarla, recorrer sus entrañas… La Laguna, ciudad del mundo.

Famosos, bronce y tiempo…

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Vas caminando, calles de algún recóndito lugar, en un espacio, demasiado grande para mi gusto, te encuentras, sumergido en un paso inacabado, personajes que marcaron, o eso creyeron, todo un hito o un mito, igual fue pisto… lo dejo ahí, cada cual plantifique su etiqueta, en la vida del arte. Admirados por unos y, lo otro, por otros, pero indiferente, en muchos casos.

Allí estaba el Woody, controvertido actor, complicado director, que desde todas las parcelas relacionadas con el mundo del celuloide, hizo y hace un cine que lo entiende él y no sé si los actores: hasta yo, cuando era más joven, alguna me “gocé”, como decimos por estas tierras. No voy a entrar en el curro del muchacho, ¿quién soy yo para tal menester?, pero sí tendría algo que decir ante la egregia figura que llena ese espacio y no sé si en algunos otros lugares.

Es, cuanto menos, curioso, invita, como hicimos, a una fotica, que no es una gran obra de arte, pero que raya la curiosidad y la posterior presunción de haberlo visto, ¿quién me iba a decir que a un montón de kilómetros del “chozo” iba a encontrarme con tal mamotreto?, increíble, y por más, sorprendente. Quizá en esos lares fuera alguien muy significativo, alguien que diera o diese mil y una alegría y momentos de vistosidad al mundo del espectáculo peliculero, o igual, como en tantos lugares, adornar el sitio, que, a lo mejor, hubiera o hubiese estado mejor con la de algún personaje propio del lugar, o, también, la figura de algún animalejo propio de su fauna.

Presumiblemente, mi asombro fue en aumento al recordar aquellas pelis que sí me gustaron, llenas de ese humor secarrón y de mensajes burlescos de los momentos que representaban, reivindicación de que sobraron o estuvieron de más, representadores de la vida cotidiana del personaje del que se hablaba o describía. Al igual que presentaba una oportunidad de posar en un enésimo retrato al lado de alguien que ha hecho, bien o mal, muchas cosas en el mundo del cine.

Definitivamente, él seguirá ahí, cogiendo metálico frío, lavándose con el agua de la lluvia, tapándose de nieve que nadie le abrigará y sirviendo, en algunos momentos, como posadero de las aves que pueblan la zona. El momento permanecerá aquí, para quien quiera curiosearlo, luego, desaparecerá en la rueda con la publicación de otros. Entre tanto, si quieren, disfruten de ella.

 

De un viejo tango… y después volver!

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Es muy difícil no volver, sentir, ese cambio de aires, pillar un “vuelo” y trasladarte a otros lares… y, dentrellos, visitar uno que es todo un símbolo, todo un homenaje a la naturaleza, que encierra, en sí mismo, miles de millares de asombros que, de otra manera, casi es imposible ver.

No sabía qué elegir para postearlo, son muchos momentos, hay mucho camino dentro que recorrer, pero, sobre todo, elegir aquellos que aún, pasado el tiempo, me asombran: pingüinos de la otra punta del mundo, leones marinos y terrestres, orcas que bailan al son de las palmas, gorilas que, ya, ignoran al personal que los va a ver, cansados de un siempre lo mismo. Muchos animales, mucha flora, y, sobre todo, mucha gente disfrutando del evento. El colofón, el acuario que da paso a la salida, donde toda clase de peces, mantas y tiburones que merodean con su ir y venir, dan vida a esa enorme piscina. Cuando paso por allí, siempre pienso lo mismo, ¿y si se rompiera el cristal?, pero es sólo un pensamiento, menudo salpafuera que se liaría.

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Ya, un poquito más tarde, vuelta al mundo real, en él te cruzas con alguna playita, privilegio de vivir en un archipiélago, vaya esta como homenaje a un compa que vive en esos contornos. Luego, vuelta a casa, a disfrutar de la gente, de los críos, de una buena cena, y alguna birrilla, pa’refrescar el gaznate. Mañana, irremediablemente,  nos volvemos, lo bueno se acaba y lo demás también… ¿cuándo volveremos?

En el último día, y para no variar, prisas, carreras, aeropuerto… dentro de nada estaremos volando, de vuelta a casa, a lo cotidiano.

Nos despide una fina lluvia, nos empapa, para que volvamos, en pista, el aire salpica finas gotas, un trozo sabe que tiene que irse y el otro se quiere quedar.

¡Hasta siempre!

Sorpresa… ¿quién lo diría?, los docentes tenemos nuestra fiestita.

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Ayer, día de la fecha, ¡¡¡sorpresa!!!, alguien inventó, con la máquina de las cosas posibles, que era el día mundial de los Docentes; menudo palabrón… “docentes”, gentes que enseñan a otros, gentes que, con todas sus fuerzas, dan lo que saben o enseñan a otros. ¡Maravilloso! Estamos acostumbrados a nuestro San José de Calasanz, nuestro maestro de siempre, que, en acabando noviembre, viene, tambor y guitarra en mano, a montar el sarao, fiestita de un día, que Consejerías, con hábil mano, colocan a antojo, para alargar algún puente, dando alegría a sus trabajadores enseñantes.

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Docentes en un tiempo en el que se nos ha puesto a caer de un burro, donde se nos ha criticado y se nos ha culpado, impunemente, de todos los males de la educación, del fracaso de nuestros alumnos, de la inculticia social…, criticados por nuestra sociedad y mal o no defendidos por nuestros gobernantes, que ocupan su tiempo en otros menesteres más lucrativos.

Juan Berbel lo contó, nosotros nos haremos, o no, eco de sus palabras…

Maestro

Vocación tempranera y siempre bien sentida,

esta de ser Maestro por amor entregado,

este ir alumbrando caminos por la vida,

ilusionadamente, de niños rodeado.

Poner alma de artista en la noble tarea,

con fuerza misionera y mano delicada;

saber irse quemando en aras de una idea,

saber seguir la estrella del bien entresoñada…

Sembrador sin pereza, poner en la besana

al par del rubio trigo semilla de amapolas;

estrenar alegría y fe cada mañana,

y en el trance difícil quedar con Dios a solas.

Sus palabras quedan, nuestras quejas también, pero también nuestras ganas, deseos de mejora, de buenos avances, de lograrlo, «entre todos», ellos se lo merecen, sin ningún tipo de dudas.

¡Hagámoslo, por ellos! ¡¡¡Feliz día del docente!!!

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