Volviendo a mirar…

No sé si fue en mayo o junio, tampoco el año, lo que sí sé que fue en un viaje, de fin de curso por tierras catalanas, de esos que, con los pibitos y pibitas, como religión, se ven todos los cursos; premio merecido al fin de la Primaria y antes del cambio radical de etapa, sitio y vida. Actividades de multiaventura al gusto, rafting, caballos, tirolinas, recorrido en quads, visita a las capitales, campo de fútbol principal incluido, y la gran puesta en escena, Port Aventura, todo un desfile de atracciones, lo mejor, ellos y ellas a su bola, sin profe o seño que controle. Se repiten en cada viaje, pero no quiero pararme en ello.

En medio de todo ese torbellino de buenos ratos, hay, escasas según mi punto de vista, algunas actividades que son más cosa de adultos que de niños y niñas, de ejemplo, visita a algún museo local, vean, si no, la foto, dedicado a los productos obtenidos, por el payés, de su trabajo en la tierra, viñas, frutales, horticultura, fina me ha quedado la palabreja, y del empleo que se hace de ellos. Un producto que abunda, por estos lares, es el esparto, tiene mil y una utilidad, cestería, asiento de sillería, cordaje y, por qué no, arte; sirva como referente la bruja que tiene su pose, como se ve, en la escalera. No pude resistirlo, momento inmortalizado por mi compa; cuando vi la instantánea, no lo pude contener : ¡chacho!, si es más alta que yo, que tampoco hace falta mucho.

Luego, investigando, en la zona se prodiga, con este producto, el arte casero: posavasos, colgantes, cadenetas, pulseras… de todo lo dicho, hay cantidad, casi industrial, de cada uno. Por si se antojara, previo preceptivo pago, el visitante puede llevarse una variopinta muestra de objetos, como corresponde. Me sorprendió, gratamente, que de la mano del habilidoso salgan estos objetos, objetos que puede no le digan gran cosa a muchos, con todos mis respetos, pero que, a mi y otros tantos, nos encantan; en la actualidad tengo como unas cincuenta brujitas en casa, entre estanterías, colgadas del techo, de paredes… Traerán su suerte, o no, hechizos, conjuros, sortilegios, encantamientos…, pero ahí las tengo, años de coleccionismo, muchos, primero duros, luego euros, reposan, en forma de figurín en ellas. Y, ¡cuidadín!, no creo que se pare.

La otra actividad, aún más interesante, es la visita al Deltebre, en donde, como su propio nombre dice, se encuentra el casi último tramo de ese gran río, el Ebro, y las instalaciones que crea, expositoras de las riqueza de la que a su paso ha creado el inmenso caudal de agua; para terminar, en su delta, allí, río y mar se hacen uno. Pero esta es historia para otro momento, cercano o no, que ya, por hoy, con brujas o no, ya va de bastante.

Y tú, que me lees o no, que compartes aficiones o no, ¿por qué no nos cuentas algo que haya llamado tu atención? Gracias por leerme.

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