Pinceladas, recordando…

 

Puede que fuera cualquier día de la semana, martes…, ¡no!, ¿o era jueves?, ¡que más da!, era la hora, esa hora en que entran ganas, de contar cosas, de hacer un post, pero… ¿de qué?, mil ideas rulan por esta cabecita que no descansa, que, como le conté a alguien, necesita tener, en todo momento, el mando controlado, ganas de cambio, de improvisar, pasar, sin pensar, de una cosa a la otra… entre tanto, allí, pensando, repasando, una y otra, las viejas posturas, para inspirar y no caer en que ¡eso, ya lo puse!

Me acordé que, en algún pen u ordenata, tengo montañas de imágenes, fruto de la recolecta en el tiempo, y mirando, mirando, en el sitio reservado para su arte, me encuentro con ella, la que espera, no sabemos el qué, el cuando ni el donde. Allí está, sigue esperando, a lo mejor es el día propicio, la hora de la ansiada llegada, o, seguramente, la de seguir en la labor, esperando; ¿quién lo sabe?. No sé, si mi amigo el pintor, cuando la hizo, la puso porque le gustaba o, casi, en dura reprimenda a ella, que le diera, a lo mejor, plantón, en un ¡pues ahora me toca a mí! Paleta en mano, lienzo delante, arriba, abajo, mezclando, extendiendo sombras, creando luces y, cosas suyas, mil trucos más… le salió la moza, que, si no tengo mal entendido, tituló «Esperando», plasmando, con sus pinceles, una situación cotidiana para todo el que la mira y admira.

Las rosas que lo acompañan, salen de cualquier página del mundo de «sanguglebendito», patrón de todos los que buscan, con ganas o desesperados, la increíble, que no la última ni definitiva, imagen inigualable. Rosa y moza, moza con rosa, hacen su conjuntillo, y si le pones tres palabras, le alegras las espera a la muchacha, pero… ¡cuidado!, que si dices cuatro, puedes caer de pesado, que lo bueno, mejor, breve. Luego, otro día cualquiera, alguien apunta que ni espera, ni nadie se está vengando, ni tan siquiera tenía ganas de hacer nada, ¡curioso!, no comparto esa opinión.

De todas formas, aquí las dejo, a ambas, y que, ella, haga lo que considere, que aquí, el que cuenta, no le va, ni tiene intenciones, a poner contras ni trampas para que, en un arranque de cordialidad, aclare, nos cuente su verdad.

Rosa en el tiempo, del tiempo,

color, perfume, atracción…

Puesta en sus manos,

admiración, caricias y, en absorbiendo su perfume,

furtivos besos. sueños… 

Y tú, ¿escribes cosas?, ¿nos las cuentas?

¡Gracias por venir!

4 pensamientos en “Pinceladas, recordando…

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