El tiempo nos lleva… de nuevo

No fue fácil, ¡no!, allí estuvieron, todas, todos… buscando ese cachito de mar, donde el viento no revolotease demasiado, donde, ¡a lo mejor!, las olas mecieran lo que quedaba, mar adentro, hacia el vacío marinero, ver, como después del fuego, el aire, poderoso señor, acababa con la aventura, se llevaba, entre alas, sus últimos recuerdos terrenales; en los corazones, un silencioso llanto, aún de dolor, también de paz, su final fue duro, no la perdonó el mal que, se me antoja demasiado, hacía tiempo, la había atrapado entre sus garras. Al fin alcanzó la ansiada libertad de su paz.

También a todos los que la rodeaban, los que, día a día, empujaban a ganar la ya de antemano perdida batalla; turnos de idas y venidas, esperando que el imposible se hiciera cierto, que, de repente, abriera sus ojos, ya cansinos, derrotados; no fue, no pasó, una vez más la «señá» se hizo con su último halo de vida, le dejó suspirar una vez, una última vez, lo sé, fui testigo mudo de su final, y, sin verla, supe como se la llevaba, entre sus renegridas ropas, mientras los que allí estábamos, casi sin fuerzas, no nos creíamos, aún esperábamos su vuelta, a nuestro mundo, a nuestras vidas, no fue, no pasó.

Ahora, por diciembre, cada año hacemos una “visita”, al lugar donde fue su último viaje, ya en urna de madera, hecha ceniza, para volar hacia esa nada marinera, una ola y otra se llevaron lo poquito que quedaba, en sus crestas, un baile de ceniza, lágrimas y rosas, dispuestas a navegar, sin destino cierto. Acudimos y, sin rituales, volvemos a depositar más rosas, ¡donde andará!; cada corazón, a su manera, le da su adiós y le promete, para el año, volver. El romper de una nueva ola y la bruma de su espuma, nos devuelve al camino, el de las cosas ciertas, ¡hasta siempre!, donde quiera que andes, te echamos mucho de menos…

Poquito a poco, volvemos a nuestras vidas…

De reyes, regalos en espera…

5 de enero, hora cualquiera de un día con mucha magia, llevan, llevamos, muchos días esperando éste, han pasado casi todas las fiestas; hemos tenido, vivido o sentido, buenos deseos a raudales, convertido el evento en lo que hacía mucho tiempo no practicábamos, puesto, como principal motor, a la, las familias y compartido, o intentado compartir, todo aquello bueno que somos capaces de crear, de dar a los nuestros, a todos, incluso al portero del bloque, o el policía que vigilaba el paso de   momentos que han ido construyendo tan señaladas fechas.

Pero hoy, hoy es el día de la magia; ya las calles se engalanan con el más dulce de los adornos, miles y miles de caritas que, superilusionadas, esperan el paso de sus graciosas majestades, los que traen los regalos esperado a lo largo de un año, los que dan luz y color a esa, esas y otras cabalgatas hoy subidos en tractores, con esto de la protección de los animales, ya el camello pasa a un segundo plano, aunque, eso sí, cargados con mil y un paquete que traen sueños y ese último “detalle” que nos hace suspirar por el nervio de no saber que se esconde entre ese abanico de colores.

Uno a uno van pasando, cada cual tiene su favorito, el mío aquí lo traigo, dame salud y alegría para seguir tirando pa’lante, disfrutando del tiempo propio y el de mi gente, luego, si apetece, igual me puedes traer una corbata, aquella vieja camisa de rockero que siempre deseé y, que todos los sueños de la gente se vayan cumpliendo, la mía, la tuya, la de todos; si no me quieres traer la corbata, acuérdate de un chaquetón, no para presumir, sí para atajar fríos; ¡la edad no perdona!

Sé, con toda seguridad, que uno de los regalos es el “retorno”, vuelta al trabajo, con viaje incluido, con madrugón extra, ellos nos esperan, aunque sea para contarnos que les trajeron, esta o cual cosa, tal juego, nueva consola, una bici, un nuevo artilugio o maquinita para jugar; mientras en casa todavía revolotean trocitos de papel de regalo; lacitos de adorno y algunas piezas para embalaje, el barco va adentrándose en la nada marina… una ola, otra!, un bandazo, después más, mientras, la proa corta, avante media, el aire, los últimos trazos de noche y la línea imaginaria donde cielo y mar se funden en el horizonte. Vuelta a la normalidad, la mirada puesta en otros momentos, que, con toda seguridad, para todos, irán viniendo.

Y ustedes, ¿como han vivido este tiempo de paz y amor?

Gracias por venir…