No los dejemos marchar… finados, siempre…

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Alguien, con mucho esmero, prepara la nave que se los ha de llevar, en ella viajan ricas frutas, de las de zumo y las secas, dulces como el amor, amargas y frías como la misma muerte. Y llega, su día, el de la partida, en ella van aquellos que en nuestras vidas lo significaron todo: abuelos, padres, hermanos, amigos y amores que tanto y tanto nos dieron, también, por qué no, los que en algún momento no fueron del agrado ni nosotros de ellos; hoy son polvo de estrellas, que vigilantes, se mantienen cerca, muy cerca de nuestros corazones, los que dejaron su ausencia escrita en recuerdos. Aquellos que, algún día, fueron nuestros ojos y nosotros los suyos, a los que, con todo el dolor de que somos capaces, se les paró la vida. Los que anduvieron todo su tiempo intentando ser felices y murieron luchando por conseguirlo, también por los que no lo lograron.

Hoy, alguien, quiere cambiarnos el sentido de la fiesta, la están anglosajonizando con muñecos, monigotes, pancartas y dibujos, que nada tienen que ver con el sentido, con decoraciones, podría decir de mal gusto, que no vienen a cuento de nada, se está convirtiendo en el carnaval de los muertos, y no, no se trataba de eso; se trata de manifestar, aunque sea brindando por y con ellos, el dolor que nos dejaron con su marcha, el respeto y sentimiento que, no obligo a nadie, deberíamos sentir, y, por encima de todo, lo mucho que nos quisimos, ellos a nosotros, y al revés, en un camino de ida y vuelta. Sólo unos pocos están intentando vencer, ganar terreno, a los que sí vivíamos, con su recogimiento, el por qué del evento, como llegamos a hacerlo fiesta, para que todos pudiésemos tener ese momento de recuerdo, de sobrecogimiento, de esa visita a los nuestros, con unas flores, o sin nada, ya ellos vivencian las mejores en donde quiera que estén.

Respeto tradiciones, pero no son las nuestras, también creencias, no son las que me enseñaron, precisamente, esos mayores. También guardo silencio cuando les veo saltar y brincar, yo no salto, yo no brinco, sólo mi corazón puede hacerlo, acordarse de todos, es volver, un ratito a ese pasado que igual no está muy pasado; recordar todos y cada uno de esos momentos que te, me, nos… hicieron dichosos, que ayudaron a comprender mejor las cosas, que nos enseñaron el secreto de seguir, con alegría, adelante. A recordar cuando entre nosotros se cruzaron abrazos, caricias y algunos besos, pero, sobre todo, los ¡te quiero!, que tanta y tanta falta nos hacían, hacen y harán siempre; y también, si no lo digo reviento, disfrutar de esa añorada presencia física,…

Ayer preparamos la carroza, en este día, muy de mañanita, la enviamos desde nuestro corazón para todos ellos, ¿quién nos acompaña?, ¿quién quiere disfrutar del festín?, ¿quien quiere llevarla un rato?, ¿quién remará hacia el destino que lleva?, ¿quién…, quién se suma, aún de lejos, a esos viejos sentires? Yo, como mucho, soy de la generación que lo celebraba con castañas, con frío y muchas ganas. ¿Y tú?

Gracias por venir…

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