Cosas que dejan huella…

 

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Otro año, a ritmo de que todos queremos la “paz”, en el cole celebramos, nuevamente, la fiestita en la que, a grito de todos juntos, gritamos nuestros deseos de ella para todo el mundo, no más guerras, no más violencia, en cualquiera de sus manifestaciones, no al maltrato, no a los atentados y una larga lista de cosas que rompen esa paz, que se llevan a nuestros más queridos, a todos los que padecen de las ambiciones de gente que les da igual nuestra tranquilidad, nuestra forma de vivir, de sentir.

Todo ha ido viento en popa, el final, colofón de oro, suelta de palomas, que ellas lleven, entre sus plumas, nuestro mensaje, esos bellos deseos, de vivir, convivir, estar y ser, entre tantos, un poco mejores, más felices, desterrando nuestros miedos, dando paso a esa canción en la que pedíamos «¡si a la paz, no a la guerra!»

En tanto, un entrañable, compa, Guille, que tiene una esquina ahí al lado y que fuera parte de este cole, del que algunos rincones guardan su buen quehacer, su alegría y sus energías bien dispuestas; amigo, fiel seguidor de estos escritos pasionarios, de esas palabras reivindicativas, y a su vez haciendo lo propio, pidiendo, a grito pelado, que sea real, que nos dure, que venga a quedarse. Me envía un mensajito al móvil, con un bello recorte de lo que predicamos, léanlo, releanlo, disfruten, como hice en su momento, de todas y cada una de sus palabras, y al final gritémosla con fuerza: PAZ, para todos, y que no se quede nadie, pero nadie, sin su merecido trozo de ella.

 

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