Navidad, cosas que dejan huella..

En estas especiales fechas, corren, por la red, cosas que impactan, cosas bellas, cosas que, al verlas, te llenan de paz, de ganas de compartirlas, con todos, para todos. Que no quede nadie sin disfrutar de ellas; hay muchas, millares, a nosotros, a mi en este caso, me llegan algunas, igualmente bellas, se hace difícil elegir, se convierte en una tarea ardua en elegir cual se quiere compartir.

Yo me traigo dos, que son muy significativas, una la envía una gran persona dedicándola de todo corazón, recalcando cada una de sus palabras, recomendando que las lea muy despacio, una a una, de dos en dos, frases, oraciones, líneas y al final párrafos; y que, luego, lo vuelva a leer, que lo saboree, que deje me entren en el cerebro y directamente al corazón, que piense en ello, que lo vea a él leyéndome el mensaje; que no me olvide, luego de la tarea, compartirlas con toda aquella gente que aprecio, que me aprecia, que incluya al gente con la que hace mucho, mucho tiempo, dejé de tener ni el más mínimo contacto e igualmente con gente que no conozca de nada, precisamente mediante esas redes. Así lo he hecho, así lo estoy haciendo, compartiéndolas contigo si es que pasas a leerme; no te olvides de dar todos y cada uno de los pasos que he seguido yo, te la envío de todo corazón.

La otra, un dibujo superlogrado de Papá Nöel, es la obra de un buen compañero de trabajo, uno de esos artistas que no conocíamos hasta que “aterrizó” en nuestro derredor; nos enseña a alguien que, gracias a su trabajo, elaborara los encargos ilusionados de miles de millones de críos, de otros tantos adultos que deseamos felicidades a todo el mundo y que todavía guardamos la ilusión del detallito del vejete, a los que nos gustaría despertarnos ese día y tener un paquetito con ese regalejo, aunque sea una tarjeta que diga «Gracias por todo».

Disfruta con ambas, como yo, como todos a los que se las he enviado, y, sobre todo, ¡¡Feliz Navidad y un maravilloso año nuevo!!

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Lugares de siempre… para disfrutar

 

Por estos lares, mientras el solete tumba sus rayos en tierra, rindiendo honores a mamá naturaleza, siguen, testigos mudos del tiempo, habiendo grandes rincones, casi escondidos, donde se junta la belleza con la paz y el sosiego con el encanto.

Cuando sube o bajas, dependiendo de donde venías, ¡lo ves!, en lo alto de un montañuco, arrente de “La cuesta de la Pared”, está el atractivo, allí, a salida de un restaurante, nos encontramos con la magnífica estampa; es un día de sol, caluroso y alguna calima muy propia de estos rincones isleños. El dicho monte da inicio a la Península de Jandía, por donde, en otros tiempos, mar de norte y sur se unían en mareas muy, muy llenas.

El sitio, Mirador de Sotavento, de cuyo nombre hace gala infinita, invita a sacar el aparatejo y en dos clic-clac, inmortalizar el momentazo, todos a una, luz, sol, paisaje, mar, cielo y nubes, paradas en un instante; luego, una sentada, a disfrutar de una buena comida, en el patio donde se enclava tal minarete, tiene muy buena carta, lo mejor sus especialidades en unos caldosos de arroz, lo que le da el nombre de “los arroces”, o, también, casa Tino, para los que asiduean el sitio.

Disfruten, mírenlo bien, y, si se animan, cuando al paso les venga, no dejen de visitarlo; luego, dejen el documento gráfico, a todos nos alegra la vuelta y el firme propósito de volver a gozarlo.