Era una noche…, noche de brujas

Cuántas y cuántas veces, ya ni me acuerdo de la cantidad, han salido, por un lado, por otro, en cualquier plataforma, las brujas, aliadas de la noche, hechizadoras, dueñas de los mil conjuros, encantamientos y maledicencias, con un tema de fondo, el de siempre, amores mal entendidos o, mejor, no comprendidos, envidias, vengar viejas heridas, que ya no encuentran cicatriz, que no cierran, que siempre habrán de quedar… Hoy, puntuales, al filo de la «minuit», que dirían los gabachos, vuelven por sus fueros,  a reunirse, con nuevos juramentos, sin dejar los viejos, los mejor logrados.

Luego de muchos post, he encontrado una aliada, que, de vez en cuando, me manda las que va encontrando, serán o no, más bellas, mejor logradas, importa el detalle; hay quien en un arreglo de suerte, ha creado su espacio, calderos de cerámica vieja, sapos de trapo, araña que levantan miedos, y, por suerte, aparcamiento para sus escobas, superior.

También, si acaso, sirvieron para inspirar historias y relatos, que esconderán deseos, que adornarán bellas y nocturnas fotos, que proponen una lectura que invita a perderse en lo más profundo de la imaginación… dejándote llevar, saboreando, una a una, palabras que salen sin pensar, que van fluyendo, sin orden, sin más ánimo que ir rellenando huecos, dando pompa y boato a ellas, las «auténticas protas», las que mandan la noche, las que juegan a conjurar, las que regalan mil acertijos.

Luego enfila la madrugada, no se las ve, sólo se oye el corte del viento de sus infinitas escobas, después… silencio, todo  en calma.

Sólo noche, noche de brujas…

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Un torbellino de buenos recuerdos

Aún está calentito el momento en que, todos a una, el colegio se ponía a la labor de su puesta en marcha… Eran otros tiempos, corría el 2012, casi primavera, ella fue nuestra rosa preferida, mimada por todos, cultivada con los mejores deseos.

Una mañana, muy tempranito, empezaron, sobre palabras, los primeros proyectos… se podría…, o quizás…, lo mejor será…; una a una, salieron las primeras. Algo más tarde, cosa de días ya había una idea firme, hacíamos espacio, sacamos libros, colocamos y, algunos días más tarde, comenzó el decorado y la elección de la mascota: el búho…

Ellas lo trajeron, adornado en bellas telas, el que escribe, desde los confines de sanguglebendito, la BRUJA, distinta, que cambió el medio de movilidad, y que, en algún intento, se aparcó en el muro de la <biblio>, se dejó pintar por los chavales, y pidió el sitio, todo un honor, el que nos brinda con su, ahora inigualable, compañía. En otros rincones acompañan Blancanieves que no se trajo a los enanos y, según parece, los dejó preparando un suculento puchero para todos, Peter Pan, que se dejó a su peña jugando a payoyo, mientras Campanilla no pierde la esperanza de que su luz sea la magia de todos los cuentos… y algún otro que se me queda.

Con el tiempo, se fueron creando, noticiario de pueblo, publicidades del evento, desde su puesta de largo, a la noticia de su pronta inauguración y momento del gran acontecimiento, ¡por fin!, era una realidad, algunos todavía lo seguimos celebrando, con el orgullo de haber hecho un trabajo de y para el futuro. Se contaron muchas cosas, se dijeron más, costó su trabajo, fueron semanas de auténtico hermanamiento, de todos, sin dejar a nadie atrás.

Luego vinieron “Días del libro”, concursos, competiciones “Al mejor lector”, y algunos post que fueron llenando huecos, que contaban cosillas, que abrían expectativas para futuros trabajos, sueños de viejo escritor; animo a mis “compas”, a hacer lo mismo, abriendo canales, enseñando el «¡cómo hacerlo!», con un tropel de muchas ganas, con los mejores deseos de verlas cumplidas.

Hoy, cuando vuelvo, se me juntan, como torbellino, los recuerdos, veo pasar, una a una, las distintas escenas y etapas, los esfuerzos de todos, los intentos de dejarla, y así ha sido, ¡guapa!, buscando ese futuro. Más tarde, algún día, hice un post de lo que siempre ha sido para mi, aquí se los dejo, por si quieren leerlo…


¡Cuántas veces, entre tus hojas…!.

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Cuántas veces, -callado compañero-, me perdí entre tus páginas; en ellas fui pirata, romano, camionero, piloto de aeronaves, timonel en submarinos…, millones de cosas.

Viví aventuras imposibles, rescaté princesas, tiré murallas, maté dragones…, viajé a la Luna, conté mares, bajé ríos turbulentos, escalé picos en los confines de la Tierra…

Y también -a buen seguro-  crecí y aprendí un oficio, me hice lo que soy, mi dedicación está impresa en tus hojas; miles de palabras me enseñaron cómo poder hacerlo, sirviendo bien a quien pueda interesar.

Hoy, allí, en honorífico puesto, sigues guardando tesoros, dispones -orgulloso-, en abierta oferta, tu lomo; esperas la oportunidad de ver la luz de nuevo, de volver a ser útil, de dar -de ti- lo mejor que llevas, experiencia, gratitud.


Hoy, después del tiempo, algunos personajes nuevos han venido, que, curso a curso, van llenando nuestra bibli, y nosotros a disfrutar de ellos.

El osito Ñum, Ñum, que con tanto y tanto esmero, creó una de nuestras maestras, ¡gracias por ello, «seño»!

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Un viajito en el tiempo…

 

Siempre, gracias a doña fortuna, se presenta la oportunidad de un “viajito en el tiempo”, vuelta a aquellos lares que, un día, fueron morada de quien esto escribe, años de «lagunero», cuando una situación daba el coletazo y otras nuevas se abrían; cuando, en el sitio, había bien poquitas cosas, pero no menos bello, sin dejar de ser tan romántico, tan emotivo como lo que, a través del tiempo, nos encontramos hoy, todo nuevo, mejor cuidado, hermoso. Cuando, siendo mucho más joven, intentaba hacerme un sitio en su universitaria vida.

Cada vez que tengo un nueva oportunidad, vuelvo, ir a la isla y no pasar por la ciudad de los adelantados, deja el viaje casi que como a medias, y, por suerte, subimos, todo ayudaba, un día, con el sol brillando en lo alto, con su pelete de costumbre, con todo lo que la hace atractiva. No la perdí, allá que me fui y, cámara en mano, clic aquí, clac allá, me traje algunos retazos de aquello que siempre ha estado ahí, testigo mudo del paso del tiempo, de la vida de sus habitantes.

Hermosa La Carrera, bella la catedral, inigualable monumento a la cultura, el teatro Leal, donde tantas y tantas horas pasé disfrutando de esa cultura, y al final del recorrido, torre de campanas, balcones viejos que miran y vigilan esa calle; a su vera eché muchas horas de sitio, vino con vino, manises y amigos…

Espero, tranquilo, esa vuelta, volver a gozarla, recorrer sus entrañas… La Laguna, ciudad del mundo.