Volviendo y revolviendo

Mirador de Sotavento

Este finde vuelve a tocar, revolviendo, Fuerte, con esas eternas ganas de volver, ya no buscamos excusas; sacamos billete, preparamos maletas, dos horitas de bote y aquí estamos, da la sensación de que no nos habíamos ido, emociones encontradas, con el asombro de la primera vez y las mismas ansias de cuando pillábamos la vuelta, aunque a trabajo fuera. Treinta, se dice pronto, años, uno sobre otro, hasta que la edad te lleva a otras situaciones de vida… ahora la excusa es ganas… y las navieras ayudan aumentando la frecuencia. ¡No viaja quien no quiere!.

Todo sigue en su estático sitio, pocos cambios, lo vas observando a medida que el vehículo va devorando kilómetros de asfalto, con esto de la famosa, el tiempo se paró, «imagen casi congelada», todo quedó vacío, playas, hoteles, bares… quien único sobrevive, a golpe de supervivientes incondicionales, es el super, la peña tiene que “jamar”, necesidades. Esa carretera, esas calles y algún que otro chiringuito son el reflejo de la losa que compartimos, vacíos, sólo algún cristiano esporádico, cristiano que te mira como tú a él, asombrado; intentando descubrir, tras la pertinaz mascarilla, la identidad del encontrado. -¡Hola!, te dicen, -¡hola!… contestas.

La casa, nuestra casa, sigue ahí, esperando el reabrir de puertas y que un chorro de aire fresco impregne paredes, mobiliarios, enseres y útiles de “a diario”; La luz entra a raudales, todo se convierte en distinto. Un recorrido, escaleras, otras puertas, que muestran, impertérritos, que nada ha cambiado. Un poco más tarde cepillos, paños y demás, remozan ese interior que ahora está al completo, luz, aire y nosotros, que sí la echamos de menos.

Un día, cualquiera, fruto de la coincidencia, planteas darte un pequeño homenaje en algún sitio que en otros tiempos fuera símbolo de pasarlo y comer bien, disfrutar de las viejas amistades y algún alumnillo que, hoy ya todo un hombre, viene a saludarte y que tú, a duras penas, terminas identificando, en tantos años a una media de trescientos, han sido muchos. Llenado de vasos, brindis necesario «¡por el próximo!», disfrute de todas las cosas que ves, comes y compartes. Luego, como no, la cuenta y la firme promesa de volver…Dejo documento gráfico del sitio: Mirador de Sotavento, y, al fondo, Costa Calma. Como he comentado cienes y cienes de veces, , a quien me quiere escuchar, o no, Fuerteventura me tiene dulcemente liado, enganchado en lenguaje de andar por casa, entre sus redes.

Gracias por leerme.

De paseo… escenarios

La Dama, Arucas

Arucas, horas de tarde, junio, uno de esos días que te trae un acontecimiento importante para ti, y al que, después de muchos pasados, haces fuerza y voluntad de asistir. Nos vinimos y estuvimos. Arucas te impregna, te invita y te pone a mirarla, como siempre, y más si es la Dama quién te envuelve. No puede faltar esa foto casi de rigor, inmortalizando momentos, sale a la calle el “digitoaparato ” que se encarga de tales faenas. Un clic y composición hecha, la Dama, una tarde fresquita y yo, en el mismo encuadre. Ésta hace compañía a otra de mi cosecha, que ya viera la luz en anterior post.

En esta no quise perder vez, y puse empeño y ganas de aparecer en ella, teniendo tan majestuoso escenario como motivo, a un clic del aparatejo, allí estoy, inmortalizado; la Dama y quién lo cuenta compartiendo sitio, en digital, pero igual de emocionante. De ella casi todo se ha dicho, yo, con unas cuantas vueltas al sol dadas,; por ella no pasan los siglos, por mi, ya me ven, pero igual de revoltijo, como si todo fuese igual que en épocas de niño. ¡Vivir para ver!

Cuando miro, me vienen recuerdos de tiempos de niño, en aquellos entonces, como buen loco que no paraba ante nada, esas escenas ni siquiera habrían fijado, medianamente, mi atención, ¿quién, de crío, repara en tales detalles? Es, precisamente tiempo, quien te va enseñando a apreciar lo que, a la vista, se te brinda, y entre ellas, nuestra Iglesia, esa que muchos elevan a categoría de catedral, pero términos propios del clero, no denominan en tal categoría el preciado tesoro que, gustosamente, tenemos en poder.

Allí está, magia de la mano del hombre, gentes que, piedra a piedra, levantaron el tan majestuoso monumento. Ya he contado, en otros posts, qué cosas, para mi ojo, la hacen bella. De como millones de clic han intentado recoger ese definitivo encuadre, ninguno lo es, este, con toda seguridad, tampoco, sólo uno más esperando el siguiente, que, ciertamente, tampoco contará esa suerte.

Gracias por pasar.

Compañera, de mil viajes…

Compañera rosa

Como contar que un día, fecha sin recuerdo, ella, rosa, iba a ponerse en mi camino, aún menos, cuántas cosas iba a hacer a mi lado, para qué me iba a ser vital; no sé dónde me la encontré, tan siquiera si me la mandaron, cierto es que don azar la puso en mi camino. -Toma, se diría, ahora depende de ti….Allí la puse, ha hecho de imagen de escritorio, marca de agua en escritos, protector de pantalla, mil cosas, y, pasado el tiempo, conmigo sigue, colaborando…

Aliada en momentos de retratar cosas bonitas, con palabras placenteras de viejo conquistador; centro de escritos declarando intenciones, complementando otras de romanticón sin límite, dándolo todo, nada es suficiente cuando buscas felicidades. Escritos de agradecimiento, adorno de despedidas, modelo de pintores, pequeños personajes que durante tanto tiempo fueron alumnos, “del colegio”, ni tuyos ni de nadie, gentes que rulaban en tales sitios.

Hoy, cuando nos cruzamos, mis incondicionales agradecimientos salen espontáneos, ella, rosa, no sé si me mira, siento en un “a cambio” su sonrisa y, por qué no contarlo, como en el aire flota, callado, esa complicidad de viejos conocidos, o colegas en palabras de estos tiempos, pero sincero y mutuo, sin más esperas ni condiciones. Siempre es como si fuera la primera vez, cuando me impresionó en sus formas, presencia, elegancia y paleta que la pintan y colorea, sencilla, elegante y natural.

De sus incontables momentos de uso, tengo unos cuantos, todo es encontrar ese, tan obligado, espacio de tempo para plasmarlas, por escrito, una a una. Soy admirador y enamorado de cualquier manifestación, dibujos, pinturas, fotos y sobre todo al natural de tal planta, me seducen sus colores, aromas, prestancia y presencia. De mi incondicional me atrajo color y forma. No volverá mañana, a lo mejor pasado tampoco, pero, sin duda, lo hará en algún nuevo reencuentro. Gracias por pasar.

De tiralíneas…

No sé cuantas miles y miles de veces, de momentos, de horas y algún día entero, habré echado a su lado, incontables; según el tiempo, la hemos ido viendo desde distintos matices, de ser la iglesia de nuestra ciudad a convertirse en el emblema de todos y cada uno de los habitantes de la misma. Ella, impertérrita, siempre ha estado… ahí…, observando sin mirar, hablando sin decir, iluminando sin alumbrar…

Hoy, los que llevamos tanto a su lado, brindamos admiración, a su magistral construcción, a su imponencia, al regalo que nos ofrece el poder verla, desde cualquier ángulo, prácticamente desde cualquier lugar de nuestra ciudad en lo que engloba el casco; ella, «la dama», monumento al viento, con torres que acarician el cielo, que, de alguna manera, marca la vida de sus vecinos.

Hoy, que vengo con otros motivos, me sorprendo mirándola con gusto, casi como si fuera la primera vez, no hay nada nuevo pero al remirar, se ven cosas que siempre han estado ahí, aristas trazadas a tiralíneas del labrante, torretas que complementan rincones, rosetas que realzan su figura, alguna vidriera restaurada por las cosas del paso del tiempo; cuidada, mimada, con sus parroquianos de siempre, aquellos que, sin quererlo, vigilan su buena estadía.

Si yo la veo, luego de haberla visto, de no cansarme de mirarla, de seguir descubriendo bellezas, trazos, sombras, escondites de luz, nuevos conjuntos pétreos, y mil y una cosa más. Sé, sabemos, siempre se sabrá, que hay, hoy es mi caso, gentes que inmortalizarán todos sus momentos, con la maquinita, clic-clac, pero, y todos lo que ya conocíamos, seguiremos teniendo claro, que ninguna es la definitiva, que nunca saldrá la tal estampa, es imposible, guarda el encanto que nada es al milímetro siguiente lo que era algunos antes.

Si tienes la suerte de pasar, no tiene que ser hoy, mañana tampoco, algún día…, entretente un rato, saca tu foto, exponla, así todos la disfrutaremos…

Gracias por pasar.

Hay días que… regalillos.

Jugueticos de coleguillas

Hoy es uno de esos días que le echas tu rato al ordenata, antes imprescindible herramienta, necesaria para todo, desde leer un correo a útil insustituible de currele, pasando por enciclopedia de todo, sanguglebendito siempre estará ahí, echando su mano a todo el que lo precise. Hoy, el artilugio, se ha convertido en correo de papeles, auxiliar de banco o, más usual, informador: prensa, clima, estado de carreteras… También, esporádicamente, agencia de viajes al uso.

Andaba liado no sé en qué ni con qué, el cacharrillo es un algo con lo que se empieza leyendo el correo y al ratito has pasado de la prensa a la programación de la tele o, también, rulando por el youtube, música, algún documental loco o miretiando el avance de alguna peli… y, como no, revisión de los cuatro euros que nos quedan para acabar el mes. Así va pasando el tiempo, entretenido, como cuando empezábamos con esto del mundo de los bytes y megabytes, como si mirásemos la luna en colores, flipando y más al ver como, a medida del trabajo hecho, te ibas enganchando, como niños, al juguete.

En ello estaba cuando, en un pronto, se acerca el chavalillo, uno de la familia de ella, -¿qué haces?-, pregunta con su ingenua curiosidad, -¡llevas mucho rato ahí sentado!, ¿no te cansas? Lo miras, te mira, le sonríes, su cara se ilumina cuando, en ella, se dibuja su enorme sonrisa, está seguro que ha dado en el clavo. -Nada, le contesto, estoy aquí, entretenido haciendo cosas. Su cara, de niño “trasto”, no da crédito a lo que oye; de pronto, de sus manos, sale un juguetico con el que se entretiene todos los días, con sumo cuidado lo coloca delante de la pantalla, -¡toma!, para que te haga compañía. Lo miro y me mira, le vuelvo a sonreír, me la devuelve, -¡gracias!, le digo con todo el cariño de este mundo y sigo a lo mío…

Él, sigue a lo suyo, yo, absorto, contemplo el artilugio, hoy, además de ser día de curioseo, se ha convertido en especial; allí lo he dejado. Siempre, por costumbre, bajo la pantalla, ahora no, allí se queda, abierta, contando, ¡vaya usted a saber!, mil y una historia a su nuevo compañero. Confiándose secretos inigualables, y, en un sobre todo, riéndose, por lo bajini y a lo mudo, de la cara que se me quedó al recibir tan el tan preciado regalo.

Gracias por venir…

Pateando por la genuina…

Era muy de mañanita, como todas, nos echamos a la calle, no sé si a hacer ejercicio o por el simple placer de dar ese paseo que te saca, a todos, de casa, -llevamos mucho tiempo encerrados-, hoy de un lado y mañana de otro, el escenario es grande, ofrece muchas alternativas. Hoy, así sin quererlo, toca salida hacia el lado distinto al de ayer, la elección nos lleva a la «genuina», calificativo que se le diera ha ya mucho tiempo, genuina Vegueta, barrio antiguo y con mucho sabor de nuestra capital, Las Palmas.

Por sus calles se respira cultura, añeja, de tiempos inmemoriales, conquistadores, museos, centros de interpretación, palacetes familiares, iglesias emblemáticas, plazoletas, sedes de la vida eclesiástica, balconadas canarias, parques barriales, y, casi en su centro, la catedral, con su estilo colonial, influencia de otros lares. Bella, inmensa, un poco, a mi gusto, abandonadas ciertas parcelas; el paso del inexorable tiempo.

Con el paso del tiempo, cada corporación ha ido añadiendo «su toque», toque que, en definitiva, ha dado más belleza, si cabe, al entorno, desde remozado de fachadas a conversión de sus calles, sobre todo las principales, en peatonales, decisión que, hoy, forma parte del placer que produce pulular por sus entrañas; en otros tiempos eran arterias destinadas al paso del tráfico rodado, con aceras diminutas que ocasionaban, en algún momento, el colapso propio del “rular” por ellas. La decisión, como poco, ha sido importante y definitiva, la mejora no tiene comparación con nada.

Nosotros, vecinos prestados del lugar, disfrutadores de todo aquello que significa patrimonio de los habitantes de las islas, nos dimos nuestro paseo, esta vez nos acompañaba el aparatito ese que además sirve para hablar con otras gentes, el móvil, que es poseedor de un artilugio maravilloso, la cámara fotográfica, en un clic-clac, paramos uno de esos particulares y muy peculiares momentos, el paso por la plaza del Pilar Nuevo, a nuestra espalda la Casa de Colón, museo interpretativo del paso del conquistador por nuestras tierras y enciclopedia muda del significado del descubrimiento de otras tierras. Y, en medio del documento, estos dos caminadores, el que escribe y mi compañero de caminatas, familia de la casa.

El lugar escogido para ese momento, no es más que un pequeño retazo de la inmensidad del barrio, ¡volveremos! Gracias por pasar y pararte a leerme.

A rumbo… la Maxorata

Luneaba la semana, a esa hora, que ni las calles esán puestas, a golpe de despertador, saltamos de la cama al vacío de la aventura, la vuelta a tierras de currele, que ha sido nuestro hogar y vida durante mucho, mucho tiempo; escondite de viejos romanticones, donde tantos y tantos maravillosos momentos se han vivido; tiempo de un café, duchita de rigor y carga, con lo necesario, del carro, ¡pasajeros al tren!, dicho manido de mil y una película; tren de recorrido aguado. Es todo un acontecimiento que luego de treinta años de viajes, barcos y más, aùn nos queda esa mijita de ganas de repetir, sentir el cosquilleo de la primera vez. -¡Como poco, curioso!

En el muelle, lo de siempre, “la cola del embarque”, hay cosas que, por mucho empeño que se ponga, no cambian, suerte que esa misma experiencia, cuando la peña hace lo que, por megafonía repiten hasta el cansinamiento, lleva a que la operata sea rapidita; el barco no va lleno, como digo, cuando lo veo, ¡cuatro amigos!, no es temporada, trabajadores, necesidades y algún guiri de última hora… normalidad total. Viajito con algún meneo del azul, aire a volumen subisía que invita a una cabezada de olvido, y… a esperar; antes de que el altavoz anuncie se está llevando a cabo el atraque. La pande obliga a medidas extraordinarias, desembarque por zonas, de la uno a la nueve, como niños de colegio salimos ordenaditos, sólo faltó el; “Vamos a contar mentiras…”, no dio tiempo, si no, seguro que la cantamos.

Al coche, carretera, autovía y, en un pispas, en casita, magia de la automoción, no quedaba lejos el fin del viaje. Entre tanto, el día se ve precioso, azul claro de cielo limpio, sol radiante y ni un astibo de nubes, por esa autovía poco usuario, horario de trabajo, algún camiòn, guagua o servicio al público; las ganas van en aumento, hacía mucho que no volvíamos, una curva… otra, una rotonda, uno, dos, tres giros por amplias calles y, al principio de la última, la casa, nuestra casa. Una puerta, otra, un soplo de aire caliente, lleva su tiempo cerrada, sin que el alisio la ventile, interiores, arriba, abajo y, en pocos minutos, vuelve a correr, escaleras arriba y abajo, ese airecillo, saludable y cálido, andamos por primavera, normalidades climáticas..

Allí, en un ya, la casa, labores de devolverla a su estado natural, -al tal y como la dejamos. Un preparado de buen papeo, brindis incluido por ese retorno y a la espera de aconteceres. Qué ha sido, qué no, podía ser motivo de otro post, en realidad no es caso de éste; a resaltar, eso sí, la alegría de comprobar que todavía isla, localidad y sitio nos tiran, que ese volver no ha perdido ganas ni intenciones. Como cada vez que ocurre, te piensas el volver, luego, luego no quieres irte. Allá por el 90 cuando empezaba mi vida de maestro, alguien me dijo que algún día terminaría por irme de la isla, yo, echándole los primeros valores le aseguré que eso no iba a pasar; me he ido, sí, físicamente, pero parte de mi es ella, siempre la tendré, de corazón.

Gracias por leerme.

De fresa…

En primavera

Ya lo había comentado, no sé si es un poco más abajo o más arriba, lo cierto es que la estación y el mes, nos trajo la magia de la luna de fresa, la más grande del año, la que aparece, a su salida, de color rosado, y, como dije, con un tamaño que pinta de luz el oscuro de la noche. El fenómeno nos visita, rigurosamente, todos los finales de abril y algunas veces principios de mayo, según el día que se produce el cambio de luna, pero siempre aparece y embellece la noche.

El año pasado, mi amigo Antonio, el granizo, después de largas horas por esas playas, montañas de fotos y mucha espera, elaboró un maravilloso trabajo sobre el desarrollo del fenómeno, luego, como buen artista, compartió, con todo el que quiso, el producto de tanta espera y tantas instantáneas, elaborando lo que el llama un «time-lapse» y posterior montaje en vídeo. Sé, sabemos, porque así lo cuenta, que hay que echar mucha paciencia, y ganas, los lugares elegidos para la captura no son azocados, al contrario, fríos, y más en cuanto avanza esa noche.

Este año, acertadamente, se dedicó más a disfrutar el suceso que a inmortalizarlo a base de clics-clacs. Eligió los momentos que, a su parecer, fueron más bellos, y luego, ya en zona de abrigo, envió a todos los interesados, como el que escribe estas líneas, algunos momentos pillados. No pude, por menos, que ponerme en contacto con él en el momento que los noticiosos hablaron del evento; por la zona donde vivo no tengo la suerte de disfrutar de un cielo nocturno totalmente despejado y tan claramente limpio. Él, que a buen seguro esperaba mi petición, no tuvo ningún inconveniente en poner, vía email, alguna foteja en mi ordenata, consciente de que, a cambio, publicitaría en las redes, sólo las que utilizo, su labor.

Sacada de una de esas redes, aquí les dejo uno de tantos miles de cantos y halagos a esa “luna”, «mujer y luna, luna y mujer». Dediquen un ratito a disfrutarla, es una gozada.

Luna, mujer…

¿Vieron esa luna?, gracias por venir y dedicar un ratito a leer estos cuatro renglones, hechos, por descontado, con gusto y muchas de esas ganas.

23, abril… libros, rosas…

Hoy era 23, de abril, un día, como otro, sin más gloria que la de ser viernes, principio del finde, hoy, muchos aprovechan para relajar tensiones, salir un rato, a tomar el fresco, a compartir con sus gentes, en su merecido descanso; romper, de alguna manera, la monotonía del resto de la semana.

Pero, que siempre habrá un pero, hoy se celebra el “día del libro y de la rosa”, ¡magia!, ella y ellos, también tienen su huequito, los que se ocupan de estas cosas, pensaron que esos libros se merecen un homenaje, son, a buen parecer, todo lo que uno desee; llevan, en su interior, toda la información que andamos buscando, de una historia de brujas a las más agudas ciencias, pero lo llevan.

Ayer, mi amigo el de la esquina, haciendo apología del evento, dejó, con su arte callejero, fino mensaje sobre el acontecimiento, invitando a leerlo y leer todos aquellos libros que pasen por nuestras manos; dejándonos, ¡cómo no!, sus felicitaciones por el día. Me sumo a su propuesta, «¡feliz día del libro!», También, por qué no, felicidades a los Jorge.

Hace mucho, mucho tiempo, en un viejo blog dejé un no menos viejo post, en el que, a mi manera, rendía homenaje y pleitesía a esos miles de libros que, por una u otra, han pasado por mis manos y mis ojos; y otros tantos de los que he aprendido a ser lo que soy y quien soy, una profesión, un estilo de trabajo, un aprendizaje de refuerzo y mejora de esas actitudes. Hoy, 23, quiero dejarla aquí, para compartirla con todo aquel que lo desee y quiera leer.

¡Cuantas veces entre tus hojas!

Cuántas veces, -callado compañero-, me perdí entre tus páginas; en ellas fui pirata, romano, camionero, piloto de aeronaves, timonel en submarinos…, millones de cosas.
Viví aventuras imposibles, rescaté princesas, tiré murallas, maté dragones…, viajé a la Luna, conté mares, bajé ríos turbulentos, escalé picos en los confines de la Tierra…
Y también -a buen seguro-  crecí y aprendí un oficio, me hice lo que soy, mi dedicación está impresa en tus hojas; miles de palabras me enseñaron cómo poder hacerlo, sirviendo bien a quien pueda interesar.
Hoy, allí, en honorífico puesto, sigues guardando tesoros, dispones -orgulloso-, en abierta oferta, tu lomo; esperas la oportunidad de ver la luz de nuevo, de volver a ser útil, de dar -de ti- lo mejor que llevas, experiencia, gratitud.

Y a ti, ¿que te sugieren esos libros?, gracias por pasar.

Volviendo a mirar…

No sé si fue en mayo o junio, tampoco el año, lo que sí sé que fue en un viaje, de fin de curso por tierras catalanas, de esos que, con los pibitos y pibitas, como religión, se ven todos los cursos; premio merecido al fin de la Primaria y antes del cambio radical de etapa, sitio y vida. Actividades de multiaventura al gusto, rafting, caballos, tirolinas, recorrido en quads, visita a las capitales, campo de fútbol principal incluido, y la gran puesta en escena, Port Aventura, todo un desfile de atracciones, lo mejor, ellos y ellas a su bola, sin profe o seño que controle. Se repiten en cada viaje, pero no quiero pararme en ello.

En medio de todo ese torbellino de buenos ratos, hay, escasas según mi punto de vista, algunas actividades que son más cosa de adultos que de niños y niñas, de ejemplo, visita a algún museo local, vean, si no, la foto, dedicado a los productos obtenidos, por el payés, de su trabajo en la tierra, viñas, frutales, horticultura, fina me ha quedado la palabreja, y del empleo que se hace de ellos. Un producto que abunda, por estos lares, es el esparto, tiene mil y una utilidad, cestería, asiento de sillería, cordaje y, por qué no, arte; sirva como referente la bruja que tiene su pose, como se ve, en la escalera. No pude resistirlo, momento inmortalizado por mi compa; cuando vi la instantánea, no lo pude contener : ¡chacho!, si es más alta que yo, que tampoco hace falta mucho.

Luego, investigando, en la zona se prodiga, con este producto, el arte casero: posavasos, colgantes, cadenetas, pulseras… de todo lo dicho, hay cantidad, casi industrial, de cada uno. Por si se antojara, previo preceptivo pago, el visitante puede llevarse una variopinta muestra de objetos, como corresponde. Me sorprendió, gratamente, que de la mano del habilidoso salgan estos objetos, objetos que puede no le digan gran cosa a muchos, con todos mis respetos, pero que, a mi y otros tantos, nos encantan; en la actualidad tengo como unas cincuenta brujitas en casa, entre estanterías, colgadas del techo, de paredes… Traerán su suerte, o no, hechizos, conjuros, sortilegios, encantamientos…, pero ahí las tengo, años de coleccionismo, muchos, primero duros, luego euros, reposan, en forma de figurín en ellas. Y, ¡cuidadín!, no creo que se pare.

La otra actividad, aún más interesante, es la visita al Deltebre, en donde, como su propio nombre dice, se encuentra el casi último tramo de ese gran río, el Ebro, y las instalaciones que crea, expositoras de las riqueza de la que a su paso ha creado el inmenso caudal de agua; para terminar, en su delta, allí, río y mar se hacen uno. Pero esta es historia para otro momento, cercano o no, que ya, por hoy, con brujas o no, ya va de bastante.

Y tú, que me lees o no, que compartes aficiones o no, ¿por qué no nos cuentas algo que haya llamado tu atención? Gracias por leerme.