Un viajito en el tiempo…

 

Siempre, gracias a doña fortuna, se presenta la oportunidad de un “viajito en el tiempo”, vuelta a aquellos lares que, un día, fueron morada de quien esto escribe, años de «lagunero», cuando una situación daba el coletazo y otras nuevas se abrían; cuando, en el sitio, había bien poquitas cosas, pero no menos bello, sin dejar de ser tan romántico, tan emotivo como lo que, a través del tiempo, nos encontramos hoy, todo nuevo, mejor cuidado, hermoso. Cuando, siendo mucho más joven, intentaba hacerme un sitio en su universitaria vida.

Cada vez que tengo un nueva oportunidad, vuelvo, ir a la isla y no pasar por la ciudad de los adelantados, deja el viaje casi que como a medias, y, por suerte, subimos, todo ayudaba, un día, con el sol brillando en lo alto, con su pelete de costumbre, con todo lo que la hace atractiva. No la perdí, allá que me fui y, cámara en mano, clic aquí, clac allá, me traje algunos retazos de aquello que siempre ha estado ahí, testigo mudo del paso del tiempo, de la vida de sus habitantes.

Hermosa La Carrera, bella la catedral, inigualable monumento a la cultura, el teatro Leal, donde tantas y tantas horas pasé disfrutando de esa cultura, y al final del recorrido, torre de campanas, balcones viejos que miran y vigilan esa calle; a su vera eché muchas horas de sitio, vino con vino, manises y amigos…

Espero, tranquilo, esa vuelta, volver a gozarla, recorrer sus entrañas… La Laguna, ciudad del mundo.

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Famosos, bronce y tiempo…

 

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Vas caminando, calles de algún recóndito lugar, en un espacio, demasiado grande para mi gusto, te encuentras, sumergido en un paso inacabado, personajes que marcaron, o eso creyeron, todo un hito o un mito, igual fue pisto… lo dejo ahí, cada cual plantifique su etiqueta, en la vida del arte. Admirados por unos y, lo otro, por otros, pero indiferente, en muchos casos.

Allí estaba el Woody, controvertido actor, complicado director, que desde todas las parcelas relacionadas con el mundo del celuloide, hizo y hace un cine que lo entiende él y no sé si los actores: hasta yo, cuando era más joven, alguna me “gocé”, como decimos por estas tierras. No voy a entrar en el curro del muchacho, ¿quién soy yo para tal menester?, pero sí tendría algo que decir ante la egregia figura que llena ese espacio y no sé si en algunos otros lugares.

Es, cuanto menos, curioso, invita, como hicimos, a una fotica, que no es una gran obra de arte, pero que raya la curiosidad y la posterior presunción de haberlo visto, ¿quién me iba a decir que a un montón de kilómetros del “chozo” iba a encontrarme con tal mamotreto?, increíble, y por más, sorprendente. Quizá en esos lares fuera alguien muy significativo, alguien que diera o diese mil y una alegría y momentos de vistosidad al mundo del espectáculo peliculero, o igual, como en tantos lugares, adornar el sitio, que, a lo mejor, hubiera o hubiese estado mejor con la de algún personaje propio del lugar, o, también, la figura de algún animalejo propio de su fauna.

Presumiblemente, mi asombro fue en aumento al recordar aquellas pelis que sí me gustaron, llenas de ese humor secarrón y de mensajes burlescos de los momentos que representaban, reivindicación de que sobraron o estuvieron de más, representadores de la vida cotidiana del personaje del que se hablaba o describía. Al igual que presentaba una oportunidad de posar en un enésimo retrato al lado de alguien que ha hecho, bien o mal, muchas cosas en el mundo del cine.

Definitivamente, él seguirá ahí, cogiendo metálico frío, lavándose con el agua de la lluvia, tapándose de nieve que nadie le abrigará y sirviendo, en algunos momentos, como posadero de las aves que pueblan la zona. El momento permanecerá aquí, para quien quiera curiosearlo, luego, desaparecerá en la rueda con la publicación de otros. Entre tanto, si quieren, disfruten de ella.

 

De un viejo tango… y después volver!

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Es muy difícil no volver, sentir, ese cambio de aires, pillar un “vuelo” y trasladarte a otros lares… y, dentrellos, visitar uno que es todo un símbolo, todo un homenaje a la naturaleza, que encierra, en sí mismo, miles de millares de asombros que, de otra manera, casi es imposible ver.

No sabía qué elegir para postearlo, son muchos momentos, hay mucho camino dentro que recorrer, pero, sobre todo, elegir aquellos que aún, pasado el tiempo, me asombran: pingüinos de la otra punta del mundo, leones marinos y terrestres, orcas que bailan al son de las palmas, gorilas que, ya, ignoran al personal que los va a ver, cansados de un siempre lo mismo. Muchos animales, mucha flora, y, sobre todo, mucha gente disfrutando del evento. El colofón, el acuario que da paso a la salida, donde toda clase de peces, mantas y tiburones que merodean con su ir y venir, dan vida a esa enorme piscina. Cuando paso por allí, siempre pienso lo mismo, ¿y si se rompiera el cristal?, pero es sólo un pensamiento, menudo salpafuera que se liaría.

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Ya, un poquito más tarde, vuelta al mundo real, en él te cruzas con alguna playita, privilegio de vivir en un archipiélago, vaya esta como homenaje a un compa que vive en esos contornos. Luego, vuelta a casa, a disfrutar de la gente, de los críos, de una buena cena, y alguna birrilla, pa’refrescar el gaznate. Mañana, irremediablemente,  nos volvemos, lo bueno se acaba y lo demás también… ¿cuándo volveremos?

En el último día, y para no variar, prisas, carreras, aeropuerto… dentro de nada estaremos volando, de vuelta a casa, a lo cotidiano.

Nos despide una fina lluvia, nos empapa, para que volvamos, en pista, el aire salpica finas gotas, un trozo sabe que tiene que irse y el otro se quiere quedar.

¡Hasta siempre!

Sorpresa… ¿quién lo diría?, los docentes tenemos nuestra fiestita.

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Ayer, día de la fecha, ¡¡¡sorpresa!!!, alguien inventó, con la máquina de las cosas posibles, que era el día mundial de los Docentes; menudo palabrón… “docentes”, gentes que enseñan a otros, gentes que, con todas sus fuerzas, dan lo que saben o enseñan a otros. ¡Maravilloso! Estamos acostumbrados a nuestro San José de Calasanz, nuestro maestro de siempre, que, en acabando noviembre, viene, tambor y guitarra en mano, a montar el sarao, fiestita de un día, que Consejerías, con hábil mano, colocan a antojo, para alargar algún puente, dando alegría a sus trabajadores enseñantes.

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Docentes en un tiempo en el que se nos ha puesto a caer de un burro, donde se nos ha criticado y se nos ha culpado, impunemente, de todos los males de la educación, del fracaso de nuestros alumnos, de la inculticia social…, criticados por nuestra sociedad y mal o no defendidos por nuestros gobernantes, que ocupan su tiempo en otros menesteres más lucrativos.

Juan Berbel lo contó, nosotros nos haremos, o no, eco de sus palabras…

Maestro

Vocación tempranera y siempre bien sentida,

esta de ser Maestro por amor entregado,

este ir alumbrando caminos por la vida,

ilusionadamente, de niños rodeado.

Poner alma de artista en la noble tarea,

con fuerza misionera y mano delicada;

saber irse quemando en aras de una idea,

saber seguir la estrella del bien entresoñada…

Sembrador sin pereza, poner en la besana

al par del rubio trigo semilla de amapolas;

estrenar alegría y fe cada mañana,

y en el trance difícil quedar con Dios a solas.

Sus palabras quedan, nuestras quejas también, pero también nuestras ganas, deseos de mejora, de buenos avances, de lograrlo, «entre todos», ellos se lo merecen, sin ningún tipo de dudas.

¡Hagámoslo, por ellos! ¡¡¡Feliz día del docente!!!

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La marcha continúa…

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No hace mucho tiempo, predicaba el inicio de la nueva andadura, carrera de poco más o menos de diez meses, con unos cuantos o cuantas que, a buen seguro, empezaron con ganas de experimentar, de saber, de conocer cositas nuevas.

Todos ellos, para mí, eran nuevos, primera vez que andan en “el cole” conmigo, al menos la mayor parte de su horario lectivo, ellos van, y yo voy, haciéndonos los unos a los otros y yo a ellos; tenemos que conocernos si queremos entendernos, y cuando nos ponemos a ello, se hace un pelín complicadillo, estaban acostumbrados a su antiguo tutor, pero, afortunadamente, seguimos intentándolo y alcanzando metas, ¡poco a poco!

Hoy ya llevamos un mes, y nada es como al principio, éramos unos perfectos desconocidos, ya vamos conociendo, ya no somos yo el maestro y ellos ¡eh tú!, tenemos nombre y dos apellidos; cuáles son nuestras metas, como quieren, como quiero, como nos tratamos, con buen talante, con ganas de ir alcanzando más cosas.

Mi “curro” en esa clase se va dulcificando cada día un poquito más, ellos intentan hacer el suyo y yo les aporto toda la ayuda, individual o colectivamente, que esté en mis manos, el fin de que aprendan, es una tarea ardua, llegar a ellos es un buen intento, y que te entiendan, el no va más. Lograrlo es todo un premio…

Entre tanto, los días siguen pasando, y, todo, mejorando.

¡Ha llegado la hora…!

Septiembre, mes de uvas, tiempo de nuevos comienzos, retomar la batalla que dejamos, inacabada, allá por el solsticio de verano. Caían calores como artificios de verbena y, en un vano intento, sofocábamos, cada cual a su modo, cada quien como podía.

Pero, todo pasa, todo llega, y nosotros también volvemos, nuevas ganas, nuevos retos, y grandes esperanzas, que todo sea si no mejor, como el finiquitado. Ellos, todos, así lo piden, tenemos que echar ganas, energías y buen garbo y talante.

Hoy, con un ratito, quiero contarlo, traerlo, porque todo es nuevo, planteados están los retos; nuevo curso, alumnos y alumnas que, aunque semiveteranos, están conmigo por primera vez; otras edades, pero espabiladillos, el tiempo así lo marca, los de hoy no son como los de ayer, o el antes de ayer, que podría cogernos a muchos. Traen otros aires, otros desparpajos, cultivan y fomentan el deseo de saber, de experimentarlo, de tocarlo… vivirlo al fin y en todos sus momentos.

Aquí les dejo una, de las que se repetirán miles de veces… un aula normal en el momento de un cambio de materia, o de salida, a lo que quiera que…

¡Ánimo! a todo el que se dedica a ello, en cuerpo y alma…

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El trueque llega a su fin… y III

Ya de vuelta, por la Gran Canaria, sólo queda dar los últimos coletazos a estas vacaciones; eso sí, disfrutando, de callejero, otros rincones, más cercanos, más “de corazón” que aquellos lejanos.

Domingo, día de salida, ¡todos al coche!, rumbo desconocido pasando por lares familiares, sobre todo a la visita, esa que viene cada año a vernos y de la que disfrutamos, sin lugar a dudas, a tope. Vaya, de muestra, este pequeño recorte, pintado en todos nuestros lugares, emblemáticos o no.

Luego, cervecita, comida, café… y a la tarde, sin ninguna prisa, el retorno… el tiempo de la holganza se acaba… ¡uf!, qué penitaaaaaa…

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