Noviembre, dedicando cosas…

Es noviembre, había tardado demasiado en volver, razones, varias, que vendrían o no al caso, pero como decía el malo de la peli: ¡he vueltoooo!, con ganas de ir, en el tiempo, creando más cositas, siempre me ha gustado contarlas, aunque suene a disparate, el mejor de los chascarrillos o a parida de viejito pasado de rosca y casi de tiempo.

Hoy, quiero dedicar este post a ellos, mis padres, dedicarles, de too corazón, que he llegado a la edad de la jubilata; aprovecho para decir que les echo mucho de menos. Ellos me trajeron rondando la mitad de la década de los 50 al mundo mundial, con esa frase cañera de: ¡ahí queda eso! Hoy, después de algunos años, me ha llegado la hora, la de la holganza, la de recoger lo que, mediante cotización, es mío, ¡sólo mío!, que para eso me lo he currado y, otros, lo han aguantado.

Les dedico de todo corazón mi nueva situación personal, sin ellos, a buen seguro, no lo habríamos hecho. También se la dedico a todos aquellos compañeros que durante todo el tiempo caminaron conmigo, de los que aprendí muchas cosas, pero, sobre todo, a disfrutar de mi trabajo con ellos y su compañía en ese camino amable, delicado, dulce muchas veces y algunas amargo, amargura de no conseguir algunos logros, que creamos a la par, día a día, con un mismo objetivo, educar.

También, y que no se me olviden, quiero dedicarlo a todos aquellos alumnos que a lo largo de esos treinta años, me han ido enseñando a ser maestro, sin ellos, nada de esto estaríamos comentando. Y, para acabar, también se lo dedico a todos aquellos que formaron parte de la comunidad educativa con el paso de los años.

¡Gracias!, por la paciencia, la comprensión y los mil y un reconocimientos a mi trabajo…

Correteando espacios…

Hoy es uno de esos días que apetece, aunque sea escarbando viejos montones de instantáneas, recordar, con ese airillo de nostalgia, sitios a los que alguna vez habríamos podido ir, a disfrutar de esos paisajes que siempre han estado ahí, que han sido vistos y revistos cienes, miles, incontables veces y que no cambian, pero que siempre serán bellos, toda la naturaleza lo es y, a buen seguro, lo seguirá siendo, sin faltar, ningún día, a su cita. De eso, hoy nosotros, mañana otros, seguiremos siendo testigos de la tal puesta. Dando un ¡oh!, de asombro, cada vez que aparezca o queramos mirar para disfrutar.

En esos montones me encuentro con dos imágenes tomadas en las cumbres, una podría ser recortes de barrancos entre montaña. La otra, sin ningún tipo de dudas, vista desde el Pico de las Nieves, el punto más alto de nuestra Gran Canaria. Desde allí, con milimétrica exactitud se divisan y acentúan los recortes de los roques que hacen y nominean esas cumbres, Roque Nublo, El Monje, Bentaiga y alguna formación rocosa más. Testigos pétreos del paso de la vida “canaria”.

Ellas, sin saberlo, son hoy parte de estrofas de nuestra música, especialmente ese roque del que se ha dicho, escrito, visitado, escalado y admirado por todos y medio mundo más. Forma que invita a ese paseo y caminata desde miles de orígenes más. Inspirador de grandes artistas, y no sé, imagino que de algún filme peliculero o documental televisivo que nos enseña la formación basáltica de nuestras islas. Gracias a todos ellos, por darles el merecido reconocimiento, haciendo que el resto del mundo sepa que los tenemos y disfrutamos por aquí.

De todas, me quedo con la que cantan todos, motivo de composiciones del bel canto y de música parrandera, esa que disfrutamos cuando nos dejan y a la que aparecen guitarras, timplillos y laudes…

Roque Nublo, Rouque Nublo,

lírica piedra luna…

Acabo la puesta en escena con unas flores, que igual no tienen patria, pero que si sirven para embellecer el mosaico, ya bello de por si, y que sirvió, en su momento, de motivo para regalar un saludo matutino o una felicitación, ¡cualquiera sabe! pero que yo aprovecho para complementar. Otras puestas terminarán saliendo, en su momento, a esta escena… para disfrute de quien guste.

Gracias por venir…

Hogueras, San Juan bendito…

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Y llegó la noche, mágica, llena de luz que crispea, que según leyenda, quema las cosas malas, para llenarla de buenas, que inspiran, a soñadores, poetas, mitómanos y todo aquel que disfruta viéndolas. Esa noche que medimos como la más larga del año, donde día y noche no diferencian sus tiempos.

Ha ya tiempo, tuve un primer encuentro donde contaba, no sin un toque de humor, lo que me inspiraba esa noche, y que yo, no sé si a la ligera o con la más pura de las intenciones, titulé Fuego de San Juan. Años más tarde, un amigo, gran amigo diría yo, inspirado en esa hoguera nos contó, con forma de poema, que era su Noche de San Juan… fuego y poesía, con esmero y letra a letra nos fue desgranando la tan particular información, acordándose de ella, la persona que, nos consta, es el motor de su vida. El suyo y el mío, y en la vuelta, narran, como sabemos sentimientos encontrados, formas de mirarlo.

Este año, confinados, sólo hemos podido recordar las llamas del año pasado, los fuegos (tracas y cohetes), que durante un buen rato, iluminaron nuestros cielos, invitando a vivir el tiempo de noche, a brincar, a bailar, incluso, a repeler demonios y malos espíritus. Lo hemos visto en la red, quienes lo celebran se han hecho eco de sus ganas y han publicitado, en ella, sobre todo, muchas imágenes, para que, de alguna manera, no sea todo vacío  y emprendamos, desde el momento, ganas, ganas para años venideros, proyectos de engrandecer esa fiesta. Podía seguir, diciendo cosas, pero en la imagen se recogen sentires y deseos.

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Y tú, ¿cómo lo has vivido?. Gracias por pasar…

Luna de fresa

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Mi compañero Antonio, ese que siempre anda trasteando entre inventos, cámaras y teleobjetivos, se nos echó al monte, mejor playa, y nos trajo un buen montón de fotos, de una tarde noche en la que se cocía un eclipse. Contaban los expertos que por estas tierras íbamos a ver poco del evento, sólo que a primera hora del ocaso, se iba a producir la llamada «Luna llena de fresa», eclipse que nos cuenta se da por estas fechas anunciando el solsticio de verano, que se forma cuando la Tierra sin colocarse en medio, hace que a la Luna le aparezca ese color de fresa, según comentarios  que nuestro compa hizo en Radio Sintonía Fuerteventura; él, con toda su ‘paciencia, en su caravana y por compañero su perro Ron, preparó sus materiales, los cuáles, una vez programados, maravillas de las nuevas tecnologías y a la hora prevista, empezaron a sacar, una, dos, tres… y, según cuenta, cuatrocientas fotos en un período de dos horas; a buen seguro, yo no habría tenido ni la mitad de esa requerida paciencia. Pero él, acostumbrado a esas cositas, si la tiene.

Luego, ya en casa, con algo más de paciencia y tiempo, realizó un montaje de esos que hacen parecer vivo el trabajo realizado. Lo divide en dos partes, por un lado nos enseña esa Luna a la que casi se le ven los cráteres y, por otro, el evento propiamente dicho. Todo hecho con sus ganas y buen hacer. Agradecerle el trabajo, sin el cual, algunos nos quedaríamos en «treinta y tres».

Aquí les dejo algunos datos sobre ese momento y trabajo.

Datos:

  • Tarde de eclipse: Luna llena de fresa
  • Timelapse: (120 minutos y 400 fotos)
  • Zoom de 2000 mm
  • Lugar de elaboración: Playa de los Pajaritos y Gran Valle, Las Playitas
  • Fecha: 5/6/2020
  • Música y tema: José Luis Encina, “Luna de fiesta”

Espero que lo disfrutes, cuéntanos alguna experiencia si la tienes.

Gracias por venir.

Mayo, 30, Canarias y su día…

Hace un añito, por estas fechas, contaba que estuvimos celebrando, como merece la ocasión, el «Día de Canarias», fiestita que, al menos una vez al año, nos hermana, isla a isla y provincia a provincia. Conté que el de ese año era el último en el medio en que estaba, “el cole”, pero con la seguridad de que, aún fuera del sitio, seguiría celebrándolo en la medida que se permitiese, intentando, en alguna forma engrandecer como se merece la tal fecha. Ha llegado el día, todos andamos, como toque de mala racha, pendientes de un bichito que se ha colado en nuestras vidas, y nos tiene confinados. No obstante, el personal, móvil en mano, se ha dedicado a enviar mensajes con las mejores intenciones; algunos decorados con bellos carteles, curraditos, del tal acontecimiento.

También, en otros medios, blogs, de amiguetes, hemos leído bellas composiciones que exaltan, con maestría la fecha, así se lo curra y hace mi amigo el de la Esquina de Guille, perfecto conocedor de la combinación de hermosas y bellas palabras que hacen que, a su lectura, te tiemblen hasta los “viejos” de la nuca. En esta, y no es por darle coba, me ha dejado sin palabras, y eso es raro en alguien tan palicoso como yo. Pero ahí está, por si quieren echarle un ojito al sitio, que nunca está de más.

En la tal cartelería hay ricas composiciones gráficas, adornadas con palabras que hacen grande el día, también, y jugando a los acertijos, hay quien elabora una especie de jeroglífico, sencillo, de esos que basta con mirarlo y ver la solución. Yo personalmente añado alguna foteja, la del año pasado y la de mi compa en uno de sus trabajos en 3D, para recreación y disfrute de quien lo mira. Tengo más, pero sólo elijo unos pocos, significativos para mi, y con los que, desde este medio, les habría deseado un feliz día de Canarias; ahora extiendo esas felicidades a todos, para todo el año, porque canarios somos los 365, aunque sea en adopción, como el que lo cuenta, pero que, luego de cincuenta y dos años por estos lares, ya creo que me podría merecer el puesto de «canario fijo».

Entre tanta cartelería, no me gustaría pasar por alto uno que, con sus palabras, nos recuerda, a cada momento, de qué estamos hechos, quienes somos, donde nacimos y cuál es uno de nuestros principales orgullos.

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Y tú, canario nuestro, ¿cómo has vivido ese día?, cuéntalo… queremos saber.

Gracias por venir…

 

Pinceladas, recordando…

 

Puede que fuera cualquier día de la semana, martes…, ¡no!, ¿o era jueves?, ¡que más da!, era la hora, esa hora en que entran ganas, de contar cosas, de hacer un post, pero… ¿de qué?, mil ideas rulan por esta cabecita que no descansa, que, como le conté a alguien, necesita tener, en todo momento, el mando controlado, ganas de cambio, de improvisar, pasar, sin pensar, de una cosa a la otra… entre tanto, allí, pensando, repasando, una y otra, las viejas posturas, para inspirar y no caer en que ¡eso, ya lo puse!

Me acordé que, en algún pen u ordenata, tengo montañas de imágenes, fruto de la recolecta en el tiempo, y mirando, mirando, en el sitio reservado para su arte, me encuentro con ella, la que espera, no sabemos el qué, el cuando ni el donde. Allí está, sigue esperando, a lo mejor es el día propicio, la hora de la ansiada llegada, o, seguramente, la de seguir en la labor, esperando; ¿quién lo sabe?. No sé, si mi amigo el pintor, cuando la hizo, la puso porque le gustaba o, casi, en dura reprimenda a ella, que le diera, a lo mejor, plantón, en un ¡pues ahora me toca a mí! Paleta en mano, lienzo delante, arriba, abajo, mezclando, extendiendo sombras, creando luces y, cosas suyas, mil trucos más… le salió la moza, que, si no tengo mal entendido, tituló «Esperando», plasmando, con sus pinceles, una situación cotidiana para todo el que la mira y admira.

Las rosas que lo acompañan, salen de cualquier página del mundo de «sanguglebendito», patrón de todos los que buscan, con ganas o desesperados, la increíble, que no la última ni definitiva, imagen inigualable. Rosa y moza, moza con rosa, hacen su conjuntillo, y si le pones tres palabras, le alegras las espera a la muchacha, pero… ¡cuidado!, que si dices cuatro, puedes caer de pesado, que lo bueno, mejor, breve. Luego, otro día cualquiera, alguien apunta que ni espera, ni nadie se está vengando, ni tan siquiera tenía ganas de hacer nada, ¡curioso!, no comparto esa opinión.

De todas formas, aquí las dejo, a ambas, y que, ella, haga lo que considere, que aquí, el que cuenta, no le va, ni tiene intenciones, a poner contras ni trampas para que, en un arranque de cordialidad, aclare, nos cuente su verdad.

Rosa en el tiempo, del tiempo,

color, perfume, atracción…

Puesta en sus manos,

admiración, caricias y, en absorbiendo su perfume,

furtivos besos. sueños… 

Y tú, ¿escribes cosas?, ¿nos las cuentas?

¡Gracias por venir!

Retomando viejas gentes… recordando cosas…

Sin ser la primera vez que pasa por estos lares, o los otros, aquellos que hace tres años dejara por el cambio, hoy, con un gran golpe de suerte, aquel viejo amigo del facebook, ahora del wasapi que parece más sencillito,  y de corazón siempre, me envía parte de la obra que ha recomenzado después del duro tiempo del confinamiento, en el que ni él ni nadie, ha podido irse a aquellos sitios donde se pone el traje de artista creador, la adorna con alguna fotica de esa playa que tanto venera, símbolo inequívoco del pueblo canario, Las Canteras, que hoy aparecen mustias, el día no acompaña, el sol ha hecho mutis, y la gente parece huir del frío de agua y ambiente.

En modo automático, pido permiso para poder publicar tales obras, de ellas, alguna me pide que no la exponga, hay sorpresas familiares de por medio. Pero eso no quita para darme licencia de exhibir las otras, hoy, como principio de una nueva andadura, me traigo esta, «La bailarina», que además de bella obra, tiene la particularidad de haber “pillado” al autor en uno de los momentos de su elaboración… quizás me sabe, más, verlo en su salsa, que el propio cuadro en sí, siempre que lo encuentran en faena, queda asombrado cuando ve el momento, como el niño que lo pillan comiendo golosinas a deshora.

En un ejercicio de búsqueda, me he encontrado con viejos posts del pasado, allí está «La noche juega a “payoyo”… donde quiera que estés« que nos retrata, en la noche, la gran dama de Arucas, en un recorte que, como siempre le digo, es hermoso, pero no el definitivo. Luego nos lleva a un retrato, retrato de familia, alguien que espera, que espera no sabemos, seguramente a los suyos… «Crónica de una puesta en escena», toda una puesta en esa escena. Podíamos publicar más, pero todos ellos se pueden, con paciencia infinita, encontrar en el blog que fuera mi iniciación en el mundo de la publicación web «Arena y sal», precursor del presente, antes de tomar la decisión de cambiar de plataforma.

De todas ellas, hubo una, en los principios de conocer al artista, que me impactó, que me trajo miles, millones de recuerdos, de cuando era un crío, de cuando, sin mirar a nada ni a nadie, sin importarnos, qué nos pudiera pasar, o cómo era el devenir de la vida, correteábamos, jugábamos, nos reíamos, gritábamos en la locura de la niñez, y una cantidad, sin medida, de actos, buscando esa eterna diversión y que, años más tarde, sirviera de escenario para los primeros enamoramientos, amores de mentirijilla, de suspiros y deseos, de besos y abrazos soñados, de ser, o no, correspondidos…; en fin, desde siempre está y sigue allí, «Mi calle de correr», con todo su colorido, revestida con la historia de todos los que, a lo largo de años, la hemos y seguimos, caminando, viviéndola… con las mismas ansias.

¡Pero…!, ¡ya traeremos más!, que la cosa promete y él, mi viejo y querido artista y amigo, no tiene inconveniente ninguno; siempre que, con astucia y sigilo, se cumplan sus deseos de ser, él, protagonista exclusivo de las sorpresas a aquellos que admiran y quieren tener parte de su obra, presidiendo, da igual, cualquier parte o rincón de sus casas…

Y tú… ¿tienes algún amiguete que sea un artista?, comparte con nosotros, si se puede, su obra.

No, no me voy sin dejarte ese “trocito” de Canteras…

Recortin

Gracias por pasar…

Imágenes que visten el paisaje… tiempo

Primera semana, comienzo del desconfinamiento, ¡hartos, no!, más que hartos de este encierro que algunos, yo entre ellos, no termino de entender, y que obedezco cual niño bueno, no sea qué…, ellos con su poder y sus letanías conciliadoras, te lleven a ver el cielo, el de las porrazones o multaideas, que no están, ¡digo yo!, los tiempos para jugarse el futuro ni tan siquiera por aquel famoso plato de lentejas. ¡Así que…!, quedamos en casa, allí agudizaremos el ingenio, para que los ingenieros hagan buenos montajes y, así, que se nos pasen las horas, días, y… lo que fuera menester.

Pero en esta, en esta no, las autoridades competentes y las que no lo son, nos dan suelta, libertad controlada, durante un tiempito, ¡hala!, con o sin chándal, pantalones o zapatillas al uso, bicicletas, el que tenga, y cualquier vehículo de empuje estrictamente humano, ¡todos a la calle…! de paseo, en bicicleta, corriendo, como sea, para respirar el aire que, durante dos meses, se nos ha vetado, suponemos, el tiempo, que parece ser el único juez para todos, lo dirá. Dirá si ellos tenían la razón, o por qué quisieron tener, sí o sí, la razón.

¡Hoy, hoy por fin!, ya nos pudimos echar a esa calle, eso sí, observando un «estricto» horario, o eso creemos, de permanencia. Como ganado a desboque, nos salimos de ese confi, recorreremos esos kilómetros que se nos venían prohibiendo, nos acercaremos a las zonas verdes, a respirar aire, casi puro, limpio luego de una temporada sin vehículos a motor que lo enrarecieran  y, que la prudencia, ha dejado en un casi nuevo, casi limpio. Arregladito como pa ir de boda…

Uno de esos paseos, sin igual, acaba en la playa, lugar, que por estas tierras, nos unifica a todos y que, a su vez, es el único que merece la pena como circuito de cualquier modalidad deportiva, y si, al tiempo, dejan remojarse, de mejores veras, remojarse en aguas cristalinas de un azul casi puro, sobre un jable que encierra limpieza, y que cambia año a año, maravillas de la naturaleza. Esa playa invita a parar momentos en el teléfono, compañero inseparable de un tiempo a esta parte. Luego, guardarlas, mandarlas a la familia y amigos, para levantar, si se puede, alguna que otra rasquera… (envidia sana, la llamamos por aquí, también magua…), con la coletilla aquella de: ¡¡¡mira donde estoy y tú no!!! Ahí les dejo algunos momentos de esa caminada, para que las saboreen, si gustan, o no… a su elección.

¡A la vuelta!, vengo, o a lo mejor venimos, convencido de que la combinación: arena, agua salada, sol y salitre, es la mejor para el cuerpo, luego…, luego un desalitre en casa, pero sin prisa, ¡nadie te apura!; una buena birrita en tu balcón, al fresquito de la tarde, y lo que se tercie, con la seguridad de que, en estando aquí… ¡¡¡mañana, más!!!

Deja que tus gotas me salpiquen,

que tu espuma me vista, en blanco,

que el sol tueste mi tiempo,

que me mezan tus olas,

déjame ser arena de tu playa.

Y tú, ¿cómo estás llevando el acontecer?

Gracias por pasarte.

¡Chapeau!, a las cositas bien hechas…

Mi compa, Antonio, fichaje desde las tierras de Andalucía, Almería para ser más exactos y maestro inquieto, anda, siempre o casi siempre, a la caza y captura de momentos que, si no te pones, no los encuentras, que disparan el gusto y la exigencia de tenerlas, de su lado, enlatadas detrás de un objetivo.

Sé, sabemos que anda de “profe” por tierras de Antigua, fresquito y algo de lluvia a cualquier hora del día y día del año; lo cuento porque su trabajo le ha llevado a pasar horas, ignorando las inclemencias, con su cámara captando mil y un momento, nubes, más nubes y de fondo el celeste, nubes que corren por arriba, dando luz, o no, a la tierra que cubren; juguetes al antojo del viento, que las lleva, que las trae, formando centenares de figuras, vemos formas de animales, mantos, fantasmas de aire y lo que la imaginación apetezca, que para ello están ahí, al servicio de todos los que las disfrutamos…. ¿qué contar que no aparezca?

Me cuenta que para montar la tal peli, ha utilizado fotos y fotos, hechas por la zona de Triquivijate, pago del tal municipio de Antigua, que no lo dije, pero pertenece a la isla de Fuerteventura, y que fuera, en el tiempo, capital de la isla, centro neurálgico del devenir de los majoreros, que luego cedió sus credenciales a la actual capital, si, esa que ya ustedes conocen.

Puesto el escenario, armado con el artilugio, ¡clic, aquí!, ¡clic allá! y luego de repetir el rito un rato, otro, días seguramente y echándole horas. Luego, con la paciencia de algún santejo que se preste, y el medio, software y hardware adecuados, iniciándose en la técnia del time-lapse, vino el montaje, una tras otra, así, cuenta que hasta quinientas fotos, trabajo que va cobrando, maravillas de las TIC, vida propia.

También cuenta, ¡qué calladito se lo tenía!, que a la vez, en lo que ve pasar tantas nubes, se le va, palabra a palabra, ocurriendo y montando un bello poema sobre esos mismos juguetes de viento que va viendo pasar. Pero, es mejor que lo veamos… ¡Disfrútenlo, por favor! (Haz clic en la imagen)

Antonio time

Según me contó, mientras disparaba sus fotos, pasaba sus fríos y montaba su vídeo, fue componiendo un poema, una llamada a esas nubes, que vienen, que van, que traen y llevan mil y una cosas… pasen, pasen y lean…

NubeAl igual que las nubes,

estamos de paso en este mundo.

NubeAl igual que las nubes,

somos distintos pero caminamos juntos o separados… pero caminamos.

NubeAl igual que las nubes,

dejamos nuestra huella.

NubeAl igual que las nubes,

acariciamos montañas, acompañamos al sol, a la luna y a las estrellas.

NubeAl igual que las nubes,

soy lo que quieras que sea.

NubeAl igual que las nubes,

no hay marcha atrás.

NubeAl igual que la nubes..

¡Gracias, un millón de gracias! Antonio, por traernos esos pequeños trabajitos tuyos, quedamos esperando más…