Las que a la puerta asoman…

 

 

 

Largo es el camino, lento y a veces pesado, según quién o qué lo mire; el reloj, almanaque y ganas, parados en un compás de espera… perdidas en un semitono, de nota mayor o menor, depende del intérprete, pero nota, al fin, al cabo… en toda la acepción de la palabra. Pero, ya se ve el final de éste, que no son todos, que quedan más, otros derroteros, tiempos a venir.

Ha sido, aún así, también alegre, corriendo cuando no lo necesita y lento buscando el “¡ya se acabó!”, fin que no llega, burlón. Empezó, allá por septiembre y no vino con las uvas, llegó con la mala gana de romper el verano, tiempo de holganza, bermudas, cholas y alguna birreja para el refresque, también lectura y otros medios de ocupamiento cultural; sin embargo, todo se acaba, ¿cómo contarlo?

Ahora ya nos vamos de vacaciones, dos meses, sí, uno porque nadie sabe qué hacer con tanta gente en bemudas y toalla al hombro en la sala de juntas, y el otro porque, como todos, nos toca, por ley, no porque seamos más o menos guapos, ni mejor que nadie; también merecen, luego de diez meses y merecemos, un tiempo de relax, cargar nuevamente pilas, buscar nuevas energías de continuidad, para que cuando llegue su hora, no se noten las diferencias, que podamos seguir, formándolos, aprendiendo junto a ellos, sintiendo sus ganas, sus inquietudes, y… así seguir… por ellos, para ellos, por nosotros, por todos…

¡¡¡Felices vacaciones!!!, volveremos, no vemos, en septiembre.

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Tantas pasadas y…ya, acaban

 

Van pasando los años, uno más y uno menos, según se mire, no sé si un poco más viejo o al viejo le ha caído otro año, tengo la cuenta perdida, y la verdad, no me preocupa, ellos han ido pasando, instalándose, cayendo en mi o sobre mí o, a lo mejor, por mí, lo dejo al gusto de quien pudiera leerme o al mío propio por ser quien esto escribe, me asisten los derechos de autor.

Y llegó, fiesta del “Día de Canarias” ataviado con el traje típico, que no tiene nada que ver con el original, los kilos, el desgaste, el paso del tiempo, todo, han ido cambiando el primer chaleco, pantalones… camisas… Del original, sólo el sombrero, al que le cuarentean los años parando el paso del tal tiempo. Y que complementó el viejo, el menos viejo y el actual traje, de fiestitas, romerías, bailes de taifas o algún intercambio multicultural que otro. Y lo celebramos, tantas y cuantas veces se dio la oportunidad, por todo lo alto, como se merece, con nuestros cantos, bailes, juegos, teatrillos, y, como no, degustando nuestra comida típica… papitas, mojitos, pescadito y un buen refresco, para bajar el entullo… y luego seguir, luciendo el día, fotos, algunos vídeos, tecnologías tenemos, y los últimos cantos…

“Esta es la parranda que va pa…”

Gran día, de disfrute, gente dando muestra de sus ganas a otra gente, gente que mira, que aplaude, que zapatea al ritmo de los cantos, bailes y otros menesteres musicales; chavalines que hacen las delicias de quienes los miran, mil cámaras escondidas en otros tantos telefonillos, insisto, tecnología punta, todos estamos a la última, a cual mejor y  más valioso. Luego, juegos, tradiciones perdidas en la noche de los tiempos, cosas de cuando éramos tiernos críos: carretones, el trompo, el palo, la guerra en cartón, el corro de la papa, y un matarile, de los que van al fondo del mar a buscar no sé que llave.

Y así va pasando la mañana, minutos y minutos de divertimento, ¡todos disfrutamos!, en algún momento, alguien recuerda a otras gentes que también pasaron, que cantaron, a pleno pulmón, sones de por aquí, folías dulces, polkas de añoranza, saltonas piconas…, algunos chavales, el ayer, han venido, están disfrutando con todos nosotros, otros ya son padres, de los niños y niñas que son los auténticos protagonistas del divertimento; miles de recuerdos, de emociones en directo… Poco a poco, va finalizando la fiestita, a nosotros nos queda recoger restos, mobiliario, músicas que han sido parte fundamental de todos los momentos vividos. Al rato, ¡todo está vacío! el viento, en mágicas alas, se lleva  las últimas notas y aromas de frescura del tenderete, ya ahora finiquitado ¡volveremos! Alguien, en su labor, canta un último verso…

A Fuerteventura fui,

a beber leche de oveja

un palo me dio la vieja

que hasta las estrellas vi…

Empezamos a preparar la que viene… ¡disfrútenlo!

Todo un reencuentrazo…

Tengo, tienen, tendremos… un amiguete de allende los chichas, Tenerife, que tiene la costumbre de deleitarnos con sus publicaciones, pequeñas parecieran, pero grandes lo son, en su blog «La esquina de Guille», sacado de entre su nombre y callejero por derecho propio; no se lo pierdan, allí, con arte de medio brujo, medio maestro, nos cuenta historietas para dormir o no, según le vaya a cada uno. En él nos contó, como «Ronda de cincuenta años», la suerte de un certamen de Tunas, en el que se celebraría el 50º aniversario de la fundación de “su tuna”, Medicina, a la cual, según relató, llegó por vías secundarias, no por la autopista como hacen todos. ¡Menudo, es él!

Quiso el azar, o los compromisos, que en el tal “finde”, yo, otro callejero más, de esos que no se le cae la casa encima; diera un saltito al tal Tenerife, para cumplimentar, con mucho orgullo y alegría, compromisos familiares. Ese mismo, el azar digo, me trajo que anduviera por los aledaños donde la tal fiesta se celebraba… Hoy día, con eso del teléfono, maldito bicho, que nos acompaña, nos podemos poner, en breve, sin conferencias de por medio, en contacto con los requeridos. Allí que le mande, uno, dos, tres y no sé cuantos más mensajes; nada, sólo silencio, el pollo andaba parrandiando por lares distintos al mío.

Sábado por la mañana, churritos con chocolate, o, en su defecto, cualquier vianda que venga bien al buche. Primera mirada al aparatico, allí, anidadas, varias respuestas del individuo, lo llamo, me contesta, lo pillo liado… ¡qué raro!, si el sólo sabe de fiestas, parrandas y bacilones. Quedamos, en el musicalero sitio. Luego, ya a la tarde, lo encontré, tirado en donde siempre, degustando un vaya usted a saber qué… ¡qué alegría!, venga un abrazo, déjame que te mire, ¡¡¡tío, estás igualito!!!, no pasan los siglos por ti… Él, zalamero de profesión, regala también los suyos, ¡¡¡chacho!!!, pues tú, ese tú soy yo, no has cambiado casi nada… la edad sólo… ¡¡¡qué bueno eres, Guille!!!

Lo reclaman, ha de cantar, que para eso vino, quedamos para después, una birra, y ¡a ver qué pasa!; más tarde, lo reencuentro, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, seguimos en contacto en ese blog, pero siempre será un gusto y orgullo volver a darle, otro y muchos más abrazos.

 

Sintiendo otra llamada…

 

Puede que, hablando de momentos, haya  llegado el de emprender un nuevo viajito a ¡vaya usted a saber!, qué sitio. Ya se hacen ganas, ha pasado casi un añito del último, ¡uf!, eso es aguante, lo demás ganas de dar la bola. Salir, pertrechado de maleta y abrigo por si ataca don frío, no olvidar prenda de cabeza por si el relente, rumbo a donde quiera qué, casi sin mirar, hay miles, millones de sitios que atraen nada más verlos, que te llaman a gritos… «¡ven!, ¿a qué esperas?» -te dicen, y el eco de no sé que montañas y riscales, te lo devuelven, aumentado en ni se sabe cuántos decibelios (db, pa los entendidos).

En estos días que ando mirando en las cosillas y blogs de otros tiempos, me encuentro con esa imagen, que te atrapa con verla, sale de la página de un conocido de la tierra, el Chucho Andaluz, «Rastreando fotografías»,  que cámara en mano y zapatillas de deporte, nos ilustra de momentos parados en la belleza, aparte de contarnos, cuando tercia, relatos y cuentos cotidianos. En esta nos propone un trozo, que se nos presenta como Patio de los leones en los palacios nazaríes,  de la  internacional y patrimonio de la humanidad Ciudad Palatina, allá por tierras granadinas, y que invita, con toda seguridad, a perderse en ella, a descubrir, como buen viajero, todos los posibles rincones, poner la imaginación a “currar” y tratar de adivinar otros tantos episodios de qué fue, como vivían, para qué se usaba, qué misterios, leyendas, mitos… se vivieron en ella.

Otro día, mañana quizás, emprender viaje de cercanías, recorrer capitales aledañas, no menos emblemáticas de esa Andalucía misteriosa; el propósito, retomar “la marcha” de salir a escape, darse un salto, cambiar de aires por un tiempito, aunque el final sea retornar; retornar para empezar a preparar el siguiente, sin que el paso del tiempo nos vaya dejando parados y sin ganas… mantener esa pequeña llama encendida. Y, luego, al final del día, el regreso… unas birras, unos ricos platillos, nada de particular, de la tierra, y mañana otra, hasta el retorno definitivo a casa. Lugares muchos, ganas más, sólo tener el tiempo para disfrutarlos; y, claro está, el pecunio que los hace posibles. Como Andalucía, cualquier lugar, mundo hay mucho, pero, siemprre, con mi mejor compañía…

23, abril, de los libros…

Y llegó, mezclado de relatos, contando mil, diez mil…, infinitas historias, de otros tantos protagonistas, héroes, personajes, en un sinfín de sitios…. mares, barcos pirata, naves espaciales, selvas perdidas, montañas imposibles o, acaso, una habitación de sombras, unas solo, otras con siniestros personajes, de pesadilla, de terror; y, también, mágicos, ilusionadores… momentos que nos convierten en protagonistas de todos esos relatos.

Hoy, 23, celebramos su puesta en escena, su llegada, agradecemos, desde lo más profundo de nuestro sentir, a todo el que los cuenta, su encomiable tarea, no nos cansamos de disfrutarlos y, siempre, pediremos más, ilusionaremos a otros, seremos dinamizadores, ¡merece la alegría!

Como cada año, yo tengo mi celebración particular, en blogs recónditos, ya lo puse y expuse, eran hermosos relatos de alabanza a ese trabajo, a esos libros que recorren mil y uno estantes, que dotan de saberes, que viajan por nuestra mente, convirtiéndonos en otros tantos personajes, vaya como ejemplo. Libros que, también, sirven como fuente de saber, de formación, y yo lo pongo y expongo, ¡feliz día internacional del libro!

Echando un ratico…

 

Es cierto que hay gente que para la belleza en un momento; del mismo modo quienes plasman, en hermoso textos, otros no menos bellos pensamientos, luego, en un mensajito lo envían a los medios, usando esas redes que se han convertido en un fluido camino de comunicación, luego al compartir, hacemos el mejor medio para que en muy poquito tiempo, mucha gente dedique, desde lo más profundo, miles, quizás millones de sonrisas, de hermosos pensamientos, de agradecimiento a quienes, acordándose de ti y de tantos, lo envían y reenvían, otras tantas veces.

En estos días llega un mensajito sobre «El significado de la amistad»,¡bello!, te paras, lees, relees y vuelves al principio, lo saboreas y llegas al final. La amistad siempre prevalecerá, ante la vida, ante el amor, ante la más bella de las flores. Un amigo te ha puesto en su «lista» particular. ¡Gracias y mil veces gracias! es todo un honor contarme entre ellos. Yo, en este medio, lo comparto y que se apunte todo el que se considere, que lo saco a la luz de todo corazón, hasta para el mismo que me lo envía.

A tal mensaje, le he añadido una bella rosa, que la manda otra muy buena amiga, hermana, la usó para dedicarnos las buenas horas a todo el que le apeteciera; estamos demasiado preocupados con cosas que no nos dejan disfrutar de «ese ratico» que da título a este post La bella, aunque perecedera en el tiempo, sé que aquí permanecerá, durante mucho tiempo, se acabará, en un a lo mejor, por cambio de plataformas o quizás de redes. Pero la imagen permanecerá, y la amistad que adorna, espero que nunca acabe.

Luego, si pasas, podrías dejar tu propio mensaje, me voy, nos vamos… de vacaciones, cuelgo redes, mensajes, trasnoches y otras paradas, al menos durante una semana, y a disfrutar de ese merecido descanstio… hasta muy prontito.

¡Qué bonita es la primavera!… cuando llega…

Casi con puntualidad meridiana llegó, ¡al fin!, no es que hayamos tenido un invierno muy distinto, el tiempo anda loco… cambio climático, dicen… y más por estos lares, donde decían, la tenemos eterna…

Yo, ¡cómo no!, no puedo faltar a mi cita, la de siempre, afamando bichos, que ni les va ni les viene, que sólo piensan en ella como “época de pibitas”, futuro. Yo lo traigo de nuevo, es una manía, ¿será?, o unas ganas, ¡con la misma!, aquí les dejo, foto, foto y comentario, que para eso estamos en primavera…

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Según parece… se querían ir “pa la playa”, esa mañana del 21 cogieron los atalajes y tiraron hacia la orilla de la marea, pero… ¡cuál no fue la sorpresa!, no se veía a nadie ni al sol que buscaban para calentarse… sólo frío y algunas gotejas que incomodaban el momento.
Los pibes y pibas iban y venían, ojeando el mejor echadero, y en el grupo… ella… guapa, con un cuerpazo de aquí te espero; él, buen mozo, la miró, la picó el ojo y le abrió una sonrisa que se le colgó del rabo al cuerno y del cuerno al rabo…
Sigiloso se le fue acercando, le contó mil milongas, le pintó un bello futuro, le prometió que cuidaría de ella hasta el fin de sus días, cuando en un descuido, ¡zas! el zalamero se le subió a la grupa, la abrazó casi con ternura y, luego… lo de siempre, ¡si te he visto no me acuerdo!, encendió un cigarro, miró pa otra y recomenzó la historia…