Y van pasando… días y tiempos

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Van pasando los día, y los tiempos, el curso, menos rápido de lo que quisiera, se nos va yendo de las manos, entre ficha y ficha, área y área, alumnas, alumnos… quizá corre demasiado, pero… ¡es lo que hay! A mi me da que no, será porque espero, para otros momentos, grandes acontecimientos, un cambio en mi vida y, posiblemente, nuevas cosas, dejar, sin acritud, atrás muchas cosas, treinta años, treinta, de labor continuada,  pero no voy a enumerar nada, ahora quiero seguir viviendo este y otros que vayan viniendo, sin prisas, sin agobios, pero casi que con las mismas ganas de mis comienzos; ahora, la experiencia, me ayuda, todo se resuelve con más facilidad, la veteranía no hace grado,  pero ayuda. Por ello… ¡cada día me gusta más mi trabajo!, increíble, verte, con años, afirmando cositas así.

Cada tarde, a ciertas horas, volvemos, con el cuerpo y  a lo mejor el alma, a preparar más, en exclusiva para ellos, esta asignatura, aquella, lecturas, cuentas, y todo aquello que, por descontado, forma parte del batiburrillo del mundo de la educación. Se nos cambian los alumnos, se hacen grupos, pero nosotros, aguerridos currantes, tiramos pa’lante, con lo que nos toque… ¡qué sabroso!, pero ahí seguimos, preparados, a lo que nos llegue, a lo que venga.

Ya sé que vengo poco, estoy mu liao, con dos cursos dentro del mismo espacio poco me queda para otras cosas; y, a veces, cuando llegan estos ratos, ya no hay ni ganas de ponerse; la mente está casi blanca, sólo buscamos o mejor busco, un ratillo de relax, de olvidar, ¡a lo mejor mañana… o pasado!, ¡no sé para cuando!, siempre me ha gustado contar cositas, dejar lo que  pienso, para quien quiera leerlo, aunque no venga nadie, pero contar, es la mejor forma de desenchufar de otras historias, y luego, con ritual premeditado, compartirlo con los que sí sé que lo miran.

Pero, mañana es otro día, tempranito vuelto a la rutina, a mis niños, a la labor para la que tanto tiempo anduve preparando y esperando… un curso y luego otro, hasta la hora de salir, ojalá con la sensación de haber hecho lo correcto, de que han aprendido algo nuevo y  afianzado lo reciente. Tengo que decirlo, que mañana es viernes, como decimos en el gremio: “San viernes bendito”, patrón de la gente que no curra el fin de semana; la otra, la que sigue, más…

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Cosas en pasado

 

Ya hace algunos días que hemos vuelto, curso nuevo, todo nuevo, hasta elementos de las NN.TT; lujazo, preparado hasta el último detalle, sólo faltábamos alumnos y yo para que el “kit” estuviese completo… luego de dos meses de holgazanería, volvemos a la vieja rutina, con más o menos ganas, expectantes ante los cambios que se nos vienen: gente nueva, nuevos grupos, equipo renovado y mirando en plazo corto, este no lo acabo me iré, llega mi momento, treinta son treinta, ¡ya me toca! No quiero pensar en ello hasta que el evento esté tan cerca que me dé de bruces con él.

Pero, más primero, hay una realidad, un nuevo curso, toca un pequeño cambio, otro alumnado, ya estuve con ellos, pero no tan intensamente; me los regalo como premio a tantos años de labor, me los merezco, no son diferentes a los otros, son casi, casi iguales, pero esos casi les hace ser diferentes en algún punto del desgrane de labores. Y, sobre todo, quiero que formen parte de todos y cada uno de los magníficos momentos que he vivido en este trabajo, en este lugar, con tantos niños y niñas, compañeros y compañeras, y, con todos, el personal laboral con los que he compartido “todo”, y, con todos, disfrutar de estos últimos días, los que llevo y  los que me puedan quedar. Es mucha la gente con la que he compartido, cole, labor, alumnos, aulas, instalaciones y hasta comedores. Los que pasaron y los que quedan, los que, aún el tiempo, aún se acuerdan de su paso por nuestras vidas y dependencias. Todo tiene, ya, su fecha de caducidad.

Andaba buscando qué imágenes traer al post, pero, en un rebusque, me encontré con objetos que bien podrían pertenecer a aquellos tiempos en los que llegué, vehículo y aparato telefónico no eran así, pero bien podrían ser semejantes. Recuerdos de cuando llegamos, en el cole no había teléfono, vino después, el vehículo guarda semejanzas por ser de gente que teníamos otros curros en los que lujerío escaseaba. Me parecieron adecuadas. Amén de que, desde jovencito, fue un gran sueño, todo un 600, coches que, entonces, costaban 50.000 de las antiguas pelas, hoy 300 €, ¿quién tendría entonces tan descomunal cantidad, cuando a uno le venían de 100 en 100 esas pelas y no siempre?

No intento dar de economía una clase, ni comparar, sólo que, como ellos, uno también ha ido cambiando, de momento, más mayor, más experiencia, mejor o peor hacer, dependiendo de quien juzgue la labor; buenas y grandes cosas, igual de amistades, familia que ha ido, sin darnos cuenta, creciendo, haciendo el mismo espacio más interesante y divertido. Ruido de vida que sube, que baja, que la lían, que juegan, que se lo pasan pipa, y nosotros, esos mayores, ¡ahí!, entre ellos, disfrutando casi tanto o más que ellos. Tiempo que ha ido pasando, en silencio, que es su mejor virtud.

Pero, ¡ánimo!, a por ese nuevo tiempo, dejarlo venir, a ver qué trae, que depara, y uno, uno haciéndose mas mayor. mejor o peor, a juicio del que se ponga, más interesante, pero siempre ahí, con ellos, con ustedes, con todos…

Recopilando momentos… por el norte.

 

Luego de tanto esperar por ellas, van y se acaban, lo de siempre, lo bueno, si es bueno, dura menos; se va en medio suspiro, se aligera demasiado, en fin, lo de todos y cada uno de los años ya vividos; eso sí, intensas, aprovechadas hasta el último de sus segundos, llenas de grandes y muy buenas cosas: playa, sol, buenas viandas, descanso… vida de la más pura holganza, y, como colofón, “el viajito”, que no nos falte. ¿Qué contar para no ponerle los dientes largos al posible lector?, para no herir susceptibilidades, para no aflorar ciertos sentimientos nada recomendables y sí muy complicados.

Viaje aprovechado hasta sus últimos momentos, un viejo anhelo, el País Vasco… tierra de la que tanto se ha dicho, escrito, hablado; mil hechos rondan su historia, enigmas de tiempos, pasados que podrían ser parte de su presente y que, sin duda, formarán serán parte indiscutible de su futuro. Disfrute “a tope”, oferta de miles y diezmiles de cosas: ricos paisajes, bellas playas, miradores naturales de las más diversas lejanías, caminos fáciles, postales que casi pintan su forma de vida, gentes de toda condición que disfrutan de lo suyo, que, en algún estado de ánimo, comparten, con aquellos que lo quieran admirar por lo que es; ese todo necesita  tiempo para gozarlo, desde todos y cada uno de los sentidos. Perdiéndose desde las nimiedades hasta las grandes puestas.

Hemos recorrido muchos caminos, visitado lugares, emblemáticos o no, con paradas en sitios recónditos a refrescar, estirar piernas, tentempié, o sólo por el mero placer de salir de carretera a tomar el aire, a disfrutar de la naturaleza, en estado puro, y, luego, seguir. Así, día a día, un poquito del lugar, para verlo habrían sido necesarios más días, hay mucho que ver. De cada pueblo lo más significativo, de cada capital los lugares que acostumbramos a ver, año a año, en la tele. Y, como extra, alguna capital fuera del ámbito comunitario, pero no con menos sabor. ¿Cómo incluir aquí todo lo que ofrecen los distintos lugares?, un poco difícil. Habría que ir describiendo cada uno por separado, uvas en  Logroño, Ría en Bilbao, Plazas en Gazteiz, San Fermín en Pamplona y, al fin, La Concha, San Sebastián, en todas su interesantísima gastronomía, sus caldos y sus platos lugareños, no lo cuento hay que verlo; cosas bellas plasmadas en el tiempo.

Nos vamos, no sé si volveré, quiero que sí, ahora tocaría ir viéndolo, de a poquito, por separado y cada una con su tiempo. Yo ya me voy, aquí les dejo las estrofas de una vieja canción de aquellos impresionantes parajes, trenes que nos llevan al carnaval, trenes que rulan por sus vidas….

“Los pintores de Vitoria
han terminado ya de pintar,
las Estaciones de Achuri
y Amara en San Sebastián.
Guía, guía maquinista
a toda velocidad
que la máquina del tren
se va a parar….
Y nos vamos a Vitoria
a pasar el Carnaval”

Las que a la puerta asoman…

 

 

 

Largo es el camino, lento y a veces pesado, según quién o qué lo mire; el reloj, almanaque y ganas, parados en un compás de espera… perdidas en un semitono, de nota mayor o menor, depende del intérprete, pero nota, al fin, al cabo… en toda la acepción de la palabra. Pero, ya se ve el final de éste, que no son todos, que quedan más, otros derroteros, tiempos a venir.

Ha sido, aún así, también alegre, corriendo cuando no lo necesita y lento buscando el “¡ya se acabó!”, fin que no llega, burlón. Empezó, allá por septiembre y no vino con las uvas, llegó con la mala gana de romper el verano, tiempo de holganza, bermudas, cholas y alguna birreja para el refresque, también lectura y otros medios de ocupamiento cultural; sin embargo, todo se acaba, ¿cómo contarlo?

Ahora ya nos vamos de vacaciones, dos meses, sí, uno porque nadie sabe qué hacer con tanta gente en bemudas y toalla al hombro en la sala de juntas, y el otro porque, como todos, nos toca, por ley, no porque seamos más o menos guapos, ni mejor que nadie; también merecen, luego de diez meses y merecemos, un tiempo de relax, cargar nuevamente pilas, buscar nuevas energías de continuidad, para que cuando llegue su hora, no se noten las diferencias, que podamos seguir, formándolos, aprendiendo junto a ellos, sintiendo sus ganas, sus inquietudes, y… así seguir… por ellos, para ellos, por nosotros, por todos…

¡¡¡Felices vacaciones!!!, volveremos, no vemos, en septiembre.

Tantas pasadas y…ya, acaban

 

Van pasando los años, uno más y uno menos, según se mire, no sé si un poco más viejo o al viejo le ha caído otro año, tengo la cuenta perdida, y la verdad, no me preocupa, ellos han ido pasando, instalándose, cayendo en mi o sobre mí o, a lo mejor, por mí, lo dejo al gusto de quien pudiera leerme o al mío propio por ser quien esto escribe, me asisten los derechos de autor.

Y llegó, fiesta del “Día de Canarias” ataviado con el traje típico, que no tiene nada que ver con el original, los kilos, el desgaste, el paso del tiempo, todo, han ido cambiando el primer chaleco, pantalones… camisas… Del original, sólo el sombrero, al que le cuarentean los años parando el paso del tal tiempo. Y que complementó el viejo, el menos viejo y el actual traje, de fiestitas, romerías, bailes de taifas o algún intercambio multicultural que otro. Y lo celebramos, tantas y cuantas veces se dio la oportunidad, por todo lo alto, como se merece, con nuestros cantos, bailes, juegos, teatrillos, y, como no, degustando nuestra comida típica… papitas, mojitos, pescadito y un buen refresco, para bajar el entullo… y luego seguir, luciendo el día, fotos, algunos vídeos, tecnologías tenemos, y los últimos cantos…

“Esta es la parranda que va pa…”

Gran día, de disfrute, gente dando muestra de sus ganas a otra gente, gente que mira, que aplaude, que zapatea al ritmo de los cantos, bailes y otros menesteres musicales; chavalines que hacen las delicias de quienes los miran, mil cámaras escondidas en otros tantos telefonillos, insisto, tecnología punta, todos estamos a la última, a cual mejor y  más valioso. Luego, juegos, tradiciones perdidas en la noche de los tiempos, cosas de cuando éramos tiernos críos: carretones, el trompo, el palo, la guerra en cartón, el corro de la papa, y un matarile, de los que van al fondo del mar a buscar no sé que llave.

Y así va pasando la mañana, minutos y minutos de divertimento, ¡todos disfrutamos!, en algún momento, alguien recuerda a otras gentes que también pasaron, que cantaron, a pleno pulmón, sones de por aquí, folías dulces, polkas de añoranza, saltonas piconas…, algunos chavales, el ayer, han venido, están disfrutando con todos nosotros, otros ya son padres, de los niños y niñas que son los auténticos protagonistas del divertimento; miles de recuerdos, de emociones en directo… Poco a poco, va finalizando la fiestita, a nosotros nos queda recoger restos, mobiliario, músicas que han sido parte fundamental de todos los momentos vividos. Al rato, ¡todo está vacío! el viento, en mágicas alas, se lleva  las últimas notas y aromas de frescura del tenderete, ya ahora finiquitado ¡volveremos! Alguien, en su labor, canta un último verso…

A Fuerteventura fui,

a beber leche de oveja

un palo me dio la vieja

que hasta las estrellas vi…

Empezamos a preparar la que viene… ¡disfrútenlo!

Todo un reencuentrazo…

Tengo, tienen, tendremos… un amiguete de allende los chichas, Tenerife, que tiene la costumbre de deleitarnos con sus publicaciones, pequeñas parecieran, pero grandes lo son, en su blog «La esquina de Guille», sacado de entre su nombre y callejero por derecho propio; no se lo pierdan, allí, con arte de medio brujo, medio maestro, nos cuenta historietas para dormir o no, según le vaya a cada uno. En él nos contó, como «Ronda de cincuenta años», la suerte de un certamen de Tunas, en el que se celebraría el 50º aniversario de la fundación de “su tuna”, Medicina, a la cual, según relató, llegó por vías secundarias, no por la autopista como hacen todos. ¡Menudo, es él!

Quiso el azar, o los compromisos, que en el tal “finde”, yo, otro callejero más, de esos que no se le cae la casa encima; diera un saltito al tal Tenerife, para cumplimentar, con mucho orgullo y alegría, compromisos familiares. Ese mismo, el azar digo, me trajo que anduviera por los aledaños donde la tal fiesta se celebraba… Hoy día, con eso del teléfono, maldito bicho, que nos acompaña, nos podemos poner, en breve, sin conferencias de por medio, en contacto con los requeridos. Allí que le mande, uno, dos, tres y no sé cuantos más mensajes; nada, sólo silencio, el pollo andaba parrandiando por lares distintos al mío.

Sábado por la mañana, churritos con chocolate, o, en su defecto, cualquier vianda que venga bien al buche. Primera mirada al aparatico, allí, anidadas, varias respuestas del individuo, lo llamo, me contesta, lo pillo liado… ¡qué raro!, si el sólo sabe de fiestas, parrandas y bacilones. Quedamos, en el musicalero sitio. Luego, ya a la tarde, lo encontré, tirado en donde siempre, degustando un vaya usted a saber qué… ¡qué alegría!, venga un abrazo, déjame que te mire, ¡¡¡tío, estás igualito!!!, no pasan los siglos por ti… Él, zalamero de profesión, regala también los suyos, ¡¡¡chacho!!!, pues tú, ese tú soy yo, no has cambiado casi nada… la edad sólo… ¡¡¡qué bueno eres, Guille!!!

Lo reclaman, ha de cantar, que para eso vino, quedamos para después, una birra, y ¡a ver qué pasa!; más tarde, lo reencuentro, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, seguimos en contacto en ese blog, pero siempre será un gusto y orgullo volver a darle, otro y muchos más abrazos.

 

Sintiendo otra llamada…

 

Puede que, hablando de momentos, haya  llegado el de emprender un nuevo viajito a ¡vaya usted a saber!, qué sitio. Ya se hacen ganas, ha pasado casi un añito del último, ¡uf!, eso es aguante, lo demás ganas de dar la bola. Salir, pertrechado de maleta y abrigo por si ataca don frío, no olvidar prenda de cabeza por si el relente, rumbo a donde quiera qué, casi sin mirar, hay miles, millones de sitios que atraen nada más verlos, que te llaman a gritos… «¡ven!, ¿a qué esperas?» -te dicen, y el eco de no sé que montañas y riscales, te lo devuelven, aumentado en ni se sabe cuántos decibelios (db, pa los entendidos).

En estos días que ando mirando en las cosillas y blogs de otros tiempos, me encuentro con esa imagen, que te atrapa con verla, sale de la página de un conocido de la tierra, el Chucho Andaluz, «Rastreando fotografías»,  que cámara en mano y zapatillas de deporte, nos ilustra de momentos parados en la belleza, aparte de contarnos, cuando tercia, relatos y cuentos cotidianos. En esta nos propone un trozo, que se nos presenta como Patio de los leones en los palacios nazaríes,  de la  internacional y patrimonio de la humanidad Ciudad Palatina, allá por tierras granadinas, y que invita, con toda seguridad, a perderse en ella, a descubrir, como buen viajero, todos los posibles rincones, poner la imaginación a “currar” y tratar de adivinar otros tantos episodios de qué fue, como vivían, para qué se usaba, qué misterios, leyendas, mitos… se vivieron en ella.

Otro día, mañana quizás, emprender viaje de cercanías, recorrer capitales aledañas, no menos emblemáticas de esa Andalucía misteriosa; el propósito, retomar “la marcha” de salir a escape, darse un salto, cambiar de aires por un tiempito, aunque el final sea retornar; retornar para empezar a preparar el siguiente, sin que el paso del tiempo nos vaya dejando parados y sin ganas… mantener esa pequeña llama encendida. Y, luego, al final del día, el regreso… unas birras, unos ricos platillos, nada de particular, de la tierra, y mañana otra, hasta el retorno definitivo a casa. Lugares muchos, ganas más, sólo tener el tiempo para disfrutarlos; y, claro está, el pecunio que los hace posibles. Como Andalucía, cualquier lugar, mundo hay mucho, pero, siemprre, con mi mejor compañía…